Tres fallecidos tres denuncias en Cuba: ni carro para recoger ni para llevar al cementerio

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Tres relatos distintos, una misma escena de abandono: en Cuba, la muerte también hace cola. En La Habana, en Holguín y en otra localidad que prefiere quedar en el anonimato, familias denunciaron que sus fallecidos permanecieron durante horas sin que llegara el carro fúnebre ni hubiera ataúd disponible. El cuadro, repetido y documentado por usuarios en redes, no es un incidente aislado sino el síntoma de un sistema funerario desfondado por la escasez, la descoordinación y la desigualdad.

El primer caso, difundido por la activista Irma Broek, lo cuenta una sobrina que, desde las 10 de la mañana hasta entrada la noche, esperó en vano por el vehículo y la caja para su tío.

“¿En qué me lo llevo, en carretón de caballo?”, escribió con rabia y vergüenza. La familia acompañó el cuerpo en la misma cama donde murió, sin poder iniciar un velorio digno, sin certeza de cuándo podría trasladarse a la funeraria. Los comentarios que recibió no fueron de sorpresa: llovieron testimonios de personas que tuvieron que “resolver” alquileres privados para mover a sus muertos o caminar detrás del féretro empujado en carretillas hasta el cementerio.

La segunda denuncia, difundida también por Broek, apunta a una herida adicional: el trato desigual. Mientras a altos cargos y sus familias nunca les faltan vehículos, coronas y coordinación, a la gente común se le exige paciencia y silencio. Broek hizo referencia al trato dado al oficial de la PNR y Jefe de Sector asesinado la pasada semana en Villa Clara. Un poco más y decretan Duelo Nacional por su muerte.

“Si no hay recursos para el pueblo, que la escasez sea igual para todos”, reclamó la activista, después de circular imágenes de traslados improvisados en la cama de un camión. El mensaje no solo acusa carencias materiales; señala una política: la dignidad se administra por estatus.

El tercer hecho, reportado en Holguín, alude a este episodio: una mujer falleció a las 12:00 a.m. (es decir, a las 12 de la noche, para quien no entienda bien esto de a.m y p.m) y eran las 3:15 p.m. (digamos que «del otro día»), y seguía sin ser recogida. Su cadáver a la intemperie, esperando por un carro que no llegaba.

Quince horas de espera, familiares agotados, vecinos mirando impotentes una escena que en cualquier servicio público mínimamente funcional se evitaría con protocolos básicos. Finalmente, agotados de tanto abandono, los familiares y vecinos decidieron cerrar la calle en señal de protesta. Los internautas, por su parte, sugiriendo que mejor que eso se pusieran a gritar «Patria y Vida» o «Abajo Díaz-Canel» y que cuando llegara el carro de la PNR, aprovecharan, abrieran lapuerta trasera del auto y colaran el cadáver dentro, para asegurar el transporte.

Los tres casos dibujan un patrón: ni hay carros para recoger a tiempo, ni los hay después para llevar al cementerio. El resultado es una cadena de indignidades que comienza en la demora, se agrava en la falta de ataúdes o combustible, y culmina en el entierro a contrarreloj o el traslado pagado de bolsillo. La muerte en Cuba se ha vuelto un problema logístico que recae por completo en la familia, justo cuando su carga emocional es más pesada.

No hace falta un gran informe para entender lo que estas denuncias ya prueban: el Estado que exige solemnidad a la hora de despedir a sus héroes es el mismo que obliga al resto a improvisar con lo que haya. La gente pide algo simple: respeto en el último tramo. Que haya un carro, una caja y un horario cumplido. Que el duelo deje de ser, además, una humillación. Porque morir con dignidad no debería ser un privilegio.

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