Dos mujeres adoptadas por separado desde India hacia los Países Bajos, que se conocieron siendo adolescentes y bromeaban llamándose "hermanas", descubrieron mediante un test de ADN que en realidad lo eran.
Esta historia no solo es un ejemplo de perseverancia y amor fraternal, sino también un recordatorio de cómo la vida puede unir mundos separados por miles de kilómetros.