El colapso del comercio hacia Cuba en marzo agrava la crisis energética y social, en medio de una creciente presión de EE.UU. bajo la administración Trump.
Dos artículos en EE.UU. reflejan lecturas opuestas sobre Cuba: una apuesta por un “acuerdo” con reformas y otra por la tesis de resistencia ante el cerco.
La ONU alertó sobre un posible colapso humanitario en Cuba en medio de apagones, escasez de combustible y presión de EE.UU. sobre el suministro petrolero.
Ceremonias de santería en La Habana pidieron paz ante tensiones con EE.UU., mientras en Washington avanza el posicionamiento legal de corporaciones por Cuba.
En una semana, Israel Rojas publicó tres textos políticos y uno personal que, leídos en orden, construyen una secuencia de trinchera, juramento, cierre y ajuste de cuentas.
El diálogo público entre Washington y el gobierno en funciones de Venezuela reaviva comparaciones inevitables en Cuba: qué significaría para la isla un escenario de relaciones estables con EE.UU. y un eventual fin del embargo, en términos de comercio, financiamiento y vida cotidiana.
El ultimátum de Trump reabre el debate sobre qué exigiría Washington a La Habana: elecciones y presos políticos aparecen como condiciones centrales, pero improbables.
Trump aprieta con petróleo y La Habana responde con soberanía, pero el debate vuelve a ocurrir sin consulta real a un país agotado por décadas de precariedad.
Tras décadas de crisis, el debate sobre Cuba dejó de ser únicamente económico para convertirse en una cuestión moral. Se le pide a la población sostener un modelo que no genera prosperidad, con el embargo como coartada permanente, mientras se profundizan la pobreza y la migración masiva. El costo lo pagan generaciones enteras que viven entre apagones, colas y renuncias. La pregunta ya no es si el sistema es eficiente, sino si es ético seguir sacrificando vidas para mantener un experimento agotado que no ofrece futuro.
La visita de la relatora especial de la ONU Alena Douhan terminó en La Habana con un mensaje directo a Washington: las sanciones estadounidenses contra Cuba deben ser levantadas
La “victoria” anual sigue en el marcador, pero la cancha se inclinó. La ONU le recuerda al mundo que el embargo existe; los votos que pierde Cuba recuerdan que su soledad también.
El gobierno de Donald Trump hizo públicas estas medidas tras las recientes denuncias a golpizas a presos políticos como José Daniel Ferrer y el incremento de la represión a disidentes en la isla.
Independientemente de si algún día el discurso cubano suaviza, hoy sus voces oficiales se alinean completamente en la acusación de que las relaciones están en su peor momento. La combinación de sanciones económicas, acoso diplomático y campañas digitales contra figuras estadounidenses como Mike Hammer consolidan una narrativa de confrontación activa.