Se viraliza imagen de revolucionario cubano tan lleno de medallas en su cuerpo, que parece un árbol de Navidad

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La foto de un revolucionario cubano que asistió a un acto celebrado en la provincia de Villa Clara, y a su lado la Primera Secretaria del PCC en ese territorio, Susely Morfa, la conocida como «Psicóloga Millonaria», ha terminado convertida en un chiste nacional en las redes por una razón muy simple: el hombre aparece tan cargado de medallas y distintivos que, más que uniforme, parece un armazón metálico, un escaparate ambulante. La imagen saltó de perfil en perfil y la comparación se impuso sola, repetida con variaciones en los comentarios: “árbol de Navidad”, “panel solar”, “pararrayos”, «refrigerador con imanes», «José de las Medallas». Y con eso, en unas horas, el símbolo oficial quedó secuestrado por la lectura popular: no la del honor ni la épica, sino la del exceso en un país donde lo que falta casi siempre es otra cosa. Cerebro.

La imagen, las imágenes porque son dos, empezó (empezaron) a rodar como ruedan ahora casi todas las historias cubanas: sin contexto claro, con un pie de foto que lo explica todo y nada a la vez, y con una sección de comentarios convertida en espejo del país. En ella(s), se ve a un hombre, anciano, presumiblemente un combatiente retirado de la Revolución, vestido de uniforme con sus medallas encima. Pero no son dos o tres. Ni siquiera cinco o diez. El sujeto, que no lo hemos podido identificar, está literalmente tapizado de medallas y distintivos, hasta el punto de que el pecho deja de parecer un pecho y pasa a verse como un tablero metálico, un arnés, un escaparate.

A partir de ahí, el resto lo hizo la gente en sus comentarios: la comparación más repetida fue la del “árbol de Navidad”, pero el remate que más se compartió fue otro, más cubano en su economía doméstica: “Si lo ponen de 7 de la mañana a 5 de la tarde de frente al Sol es un panel solar”.

El chiste funciona porque toca el nervio del exceso simbólico: el Estado que reparte condecoraciones; el Estado que, a través de la máxima autoridad en un territorio, posa para la foto como si fuera la prueba material de una épica que ya no se sostiene, sin temor al éxito.

Lo digo de otra manera para que se entienda. El presidente de cualquier país europeo se puede retratar al lado del excombatiente que más medallas tenga, pero no al lado de un hombre que tiene medallas puestas en sus pantalones porque, en Europa, y menciono un ejemplo de continente, a nadie se le ocurriría ponerse medallas en los pantalones; y si se le ocurriese, alguien cercano a él le diría: tu es fou; sei matto; du bist verrückt.

Miles de reacciones, cientos de comentarios, cientos de compartidos…

En paralelo, la página satírica El Lumpen aprovechó la viralidad y aportó lo suyo, montándose su propia versión “oficial” del episodio: un relato falso-serio sobre un acto político-militar en Villa Clara, la lluvia, la evacuación, una grúa y un rayo que terminaría fundiendo las condecoraciones, con menciones a Susely Morfa y un repertorio de sobrenombres que la gente ya venía ensayando. El Lumpen aportó los suyos: El Cencerro, Bling Bling y Christmas Tri.

Es importante decirlo: ese texto circula como sátira, no como información verificable de un hecho real. Su gracia depende, precisamente, de que la realidad cubana hace creíble el disparate.

Y ahí está el punto del absurdo cotidiano en Cuba: lo que vuelve viral esa imagen no es solo el chiste fácil del metal, sino la colisión permanente entre la épica oficial y la vida real. En un país donde el día se calcula por horas de corriente, la nevera es más promesa que electrodoméstico y el salario se evapora antes de mitad de mes, el exceso simbólico deja de ser excepción y convive sin conflicto con la carencia. La condecoración sustituye a la recompensa material, el símbolo funciona como salario y el brillo opera como parche.

Por eso la reacción es casi automática: ¿qué significa una medalla cuando el uniforme no llena la mesa? La imagen del “árbol de Navidad” no se viraliza por extraordinaria, sino porque resulta coherente con un país que aprendió a reírse para no aceptar sin ruido y porque esa desproporción es la materia prima del humor cubano actual, que ya no se apoya tanto en la ocurrencia ingeniosa como en el contraste crudo: símbolos de victoria sobre un cuerpo que, según los propios comentaristas, parece hambriento; insignias de honor en un país donde lo básico se raciona; brillo de hojalata frente a barrios que pasan a oscuras. El chiste funciona porque el contexto lo escribió primero.

Aquí va una lista de epítetos y apodos que aparecen en esos comentarios. No son todos: seleccioné al azar más de 20 de los que más se repiten

  1. Árbol de Navidad, Arbolito de Navidad, Árbol de Navidad tropical o Christmas Tri
  2. Panel solar
  3. Pararrayos viviente
  4. General chapitas
  5. Soldado chapitas
  6. José de las medallas
  7. Pepe chapita
  8. El soldado imán
  9. Soldado hoja lata
  10. El hombre de hojalata
  11. Un reflector
  12. Armadura
  13. Chaleco antibalas
  14. El Pararrayos
  15. Sonajero andante

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