Padre José Conrado: «El régimen se empeña en monopolizar la caridad»

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En un contexto de creciente descontento social y urgente necesidad humanitaria en Cuba, el Padre José Conrado Rodríguez arroja luz sobre un problema crónico que aflige a la isla: el intento del régimen cubano de monopolizar la caridad y limitar el activismo independiente.

El padre Conrado, en una reciente intervención en el programa «A Fondo» de América Tevé, denunció el robo de una suma de dinero que había recolectado en Miami. Este dinero estaba destinado a reparar su vehículo para facilitar su labor pastoral y a apoyar directamente a 50 familias necesitadas en Trinidad, Sancti Spíritus.

Esta situación ilustra no sólo la inseguridad y la corrupción que pueden pervivir en la isla, sino también el tema que nos ocupa: la ambivalencia del estado cubano hacia los esfuerzos caritativos independientes.

El padre relató que, aunque recibió una buena atención inicial por parte de la Policía Nacional Revolucionaria, el caso aún no se ha resuelto, lo que suscita preguntas sobre la eficacia y el interés del gobierno en proteger y fomentar iniciativas de ayuda ciudadana.

La sociedad civil cubana está compuesta por diversos activistas y grupos humanitarios. Todos luchan por ofrecer ayuda directa a los más vulnerables. Personajes como Limay Blanco, Johana Jolá y Lara Crofs – por mencionar algunos de los que están dentro de Cuba – se destacan en este panorama.

Blanco ha donado incontablemente viviendas a familias necesitadas en La Habana y Johana ha sido de muchísima ayuda también coordinando esfuerzos, inclusos con organismos del gobierno, en la ayuda a personas vulnerables. Ambos actúan con comodidad, dado que, ninguno de los dos cuestiona al Estado.

Activistas como Massiel Carrasquero, Jose Luis Tan Estrada, y otros, a menudo son hostigados e impedidos de ejercer su labora humanitaria; ya sea repartiendo abrigos entre las personas que duermen en la calle, o repartiendo comidas. Ambos se encuentran regulados por el gobierno e impedidos de salir del país.

Esta tarea de impedir la ayuda de personas «ajenas al problema», se desaparece cuando los encargados de repartir lo poco que se tiene pertenecen a organizaciones de apoyo a Cuba tales como la conocida «Puentes de Amor».

Esta decantación de las ayudas ha tenido momentos cumbres, como sucedió durante el tornado de febrero en La Habana, 2019, cuando, por ejemplo, la conocida directora musical Zenaida Castro Romeu fue prácticamente expulsada del municipio Regla, por querer repartir ayuda entre aquellos que lo perdieron todo.

Vanelys Marzo Cabrera, por entonces 1ra Secretaria del PCC en el municipio de Regla la conminó a que toda la ayuda la dejara en el Gobierno y le aseguró que el gobierno la repartiría. Por estas horas, Vanelys se encuentra en Cozumel, México, esperando – aseguran – un momento propicio para cruzar a los EE.UU. después de – aseguran también – haberse ido del país con miles de dólares obtenidos de la venta de dos casas que le dio el régimen cubano, una primero y otra después, entre otros actos de corrupción aún por probársele.

El activismo de Lara Crofs

Punto y aparte entre los que apoyan mucho y tienen que andar en puntillas es la activista Lara Crofs. Crofs, cuyo verdadero nombre es Yamilka Lafita, ha estado activa en organizar colectas y distribuciones de alimentos y recursos básicos para familias empobrecidas. A menudo es vigilada, perseguida y detenida por la policía. En ocasiones le revisan el auto y le hacen perder valiosísimo tiempo averiguando por el destino y origen de las donaciones.

Lara, junto con el proyecto, Aliento de Vida, un grupo humanitario local liderado por Yankiel Fernández que ha estado entregando donativos esenciales a niños y personas desatendidas, fue responsable de encontrar a un niño en situación de extrema pobreza, cuyas imágenes se hicieron virales entre los cubanos. Una vez que el régimen se enteró de la ayuda que se le estaba dando a la madre del niño y otra ayuda prometida mensualmente, obligaron a que esta renunciara a la misma bajo amenazas.

No hay dudas de que estos actos de generosidad, TODOS, son vitales en un país donde los recursos son escasos y la burocracia puede ser abrumadora; pero criminalizar unos y favorecer otros, subrayan un punto crítico en la lucha por la autonomía de la caridad en Cuba.

Mientras el gobierno intenta mantener un control riguroso sobre las actividades caritativas y limitar la participación de actores no estatales, dejándole el campo abierto a aquellos que como Limay y Johana Jolá no se meten con nadie, estigmatiza a los otros.

A pesar de eso, esos individuos y grupos dentro de la sociedad civil, de los que también forma parte el Padre Conrado, continúan encontrando maneras de llevar a cabo su labor.

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