La encuesta es contundente: 94% rechazó al Gobierno y la mayoría pide un cambio de sistema en Cuba

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Una encuesta abierta con más de 42.000 respuestas, ya cerrada, recoge un nivel de rechazo al sistema político cubano que alcanza cifras casi unánimes entre quienes participaron, junto a una demanda mayoritaria de cambio estructural en el modelo de país.

El panel, identificado como #EncuestaCuba y accesible públicamente en línea aquí, acumuló un total de 42.000 respuestas antes de su cierre. De ellas, el 58% provienen de usuarios ubicados dentro de Cuba y el 42% desde el exterior, según datos de geolocalización anónima. Aunque no se trata de una muestra probabilística, el volumen y la consistencia de los resultados permiten observar tendencias claras dentro del segmento que decidió responder.

El dato más contundente aparece en la valoración del sistema de gobierno: el 94% de los encuestados marca la opción más baja de satisfacción, mientras que apenas un 2% se ubica en los niveles más altos. En la misma línea, el 95% considera que la ciudadanía no tiene ninguna influencia en las decisiones del Estado, lo que refuerza una percepción extendida de desconexión entre poder político y sociedad.

En cuanto al modelo de país, el 80% afirma que Cuba necesita transitar hacia una democracia liberal con economía de mercado. Otras opciones quedan muy por detrás: el 10,6% apuesta por un sistema mixto, el 6,7% por un modelo capitalista sin pluripartidismo y apenas un 0,2% defiende mantener el socialismo tal como está.

La evaluación de las figuras del Gobierno muestra un patrón homogéneo de desaprobación. Dirigentes como Raúl Castro, Miguel Díaz-Canel o Manuel Marrero obtienen calificaciones promedio de 1,1 sobre 5, y el índice general de confianza en el liderazgo político se sitúa en el mismo nivel. En las respuestas abiertas, términos como «ninguno», «corruptos» o «no representan al pueblo» se repiten al referirse a posibles figuras con desempeño favorable.

En el caso de la oposición y la sociedad civil, la valoración es más moderada. Figuras como Rosa María Payá, Carolina Barrero o Alina Bárbara López Hernández superan el 3 sobre 5, y el promedio de confianza alcanza 3,2. Sin embargo, las menciones abiertas reflejan dispersión de nombres y falta de una figura central que articule una alternativa política clara.

Uno de los bloques más sensibles de la encuesta es el referido a las vías de solución al conflicto político. El 64,9% de los participantes señala como opción preferida el derrocamiento del Gobierno «por cualquier medio necesario», incluida la vía armada. A la vez, el 60,9% respalda una eventual intervención militar directa de Estados Unidos, mientras que el 54,3% apoya sanciones dirigidas a funcionarios y el 49% mayor presión diplomática internacional.

En paralelo, aparecen matices en materia económica y social. El 73% de los encuestados defiende mantener los sistemas universales de salud y educación, y el 68% respalda preservar la soberanía nacional frente a potencias extranjeras. Sin embargo, el 99% se pronuncia por eliminar el Partido Comunista como única fuerza política, y más del 90% aboga por desmontar estructuras como la libreta de abastecimiento, las organizaciones de masas y el aparato de Seguridad del Estado.

La relación con el exterior también refleja tensiones. El 47% considera que el embargo de Estados Unidos debe mantenerse como herramienta de presión, mientras que el resto se divide entre su eliminación gradual o inmediata. En las respuestas abiertas, varios participantes cuestionan tanto el impacto real de las sanciones como su uso en el discurso político interno.

Las preguntas cualitativas aportan contexto sobre el clima social en el que se insertan estos datos. Los participantes describen una situación marcada por crisis económica, emigración masiva, deterioro institucional y pérdida de expectativas, con referencias frecuentes a la urgencia de un cambio político. También emergen diferencias de percepción entre quienes viven dentro y fuera del país, especialmente en torno al nivel de deterioro actual.

La naturaleza abierta y voluntaria de la encuesta introduce un sesgo de participación que puede amplificar posturas críticas o movilizadas. No obstante, el volumen de respuestas y la coherencia interna de los resultados convierten el ejercicio en un indicador relevante del estado de opinión en determinados sectores de la población cubana, tanto dentro de la isla como en la diáspora.

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