«La emigración es un problema mundial»: Díaz-Canel justifica el éxodo masivo y pide a los jóvenes cubanos priorizar la cultura sobre lo material

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La narrativa gubernamental cubana busca desesperadamente sembrar optimismo en las nuevas generaciones. El mandatario Miguel Díaz-Canel defendió con vehemencia el reciente paquete de 176 reformas financieras aprobado por la Asamblea Nacional, argumentando que este plan creará el escenario idóneo para que la juventud cubana no se vea obligada a buscar su futuro fuera de las fronteras nacionales. Estas afirmaciones se dieron a conocer durante una entrevista concedida el pasado 19 de junio al comunicador dominicano Roberto Cavada, la cual salió a la luz este miércoles a través de las pantallas de Telesistema en la República Dominicana.

Para sostener su argumento, el líder del régimen puso como primer pilar el acceso a la formación académica dentro de la isla. En sus propias palabras, «Lo primero es que estamos garantizando que todos los jóvenes tengan acceso universal a la educación, o sea que todos los jóvenes en Cuba se pueden formar. Y yo diría, sin chovinismo ninguno, que nuestros niveles de formación son importantes, nuestra enseñanza general y nuestra enseñanza universitaria son sistemas robustos, son sistemas eficientes». Según el criterio expuesto por el gobernante, este andamiaje educativo «eso ha permitido que jóvenes formados en las universidades cubanas han tenido un gran desempeño a nivel internacional. Por lo tanto, es mantener eso».

Como segunda estrategia para frenar la incesante fuga de talentos, Díaz-Canel asomó la necesidad de ofrecer mejores retribuciones y permitir que los profesionales concreten aspiraciones individuales en su propia tierra, aunque evitó detallar qué acciones específicas o resultados palpables ha logrado su administración hasta la fecha en ese sentido. Sobre este punto, el mandatario comentó: «Lo otro es, entonces, qué incentivos tenemos que crear y qué programas tenemos que desarrollar para que esos jóvenes, cuando lleguen a esos niveles de calificación, encuentren que puedan hacer un proyecto de vida. Creo que todas estas transformaciones que estamos haciendo en materia económica facilitan esos proyectos».

Frente a las preguntas de la prensa internacional, el jefe de Estado insistió en que el marco legal para el desarrollo de este sector ya se encuentra establecido, vinculándolo directamente con normativas de reciente aprobación como el Código de las Familias y el Código de la Niñez, Adolescencias y Juventudes, conocido como Ley 178. Para el dirigente, es fundamental revisar variables como los salarios, el entorno financiero y el acceso a financiamientos bancarios para potenciar el arranque de la vida profesional de los nuevos graduados. 

En sus declaraciones, apuntó que «Hay que ver también en materia salarial, en materia monetaria, en materia de créditos, para que los jóvenes cuando empiezan su vida puedan avanzar. Eso está apoyado en el Código de las Familias, que es una de las de las legislaciones más recientes de Cuba, y está apoyado también en la Ley 178 Código de la Niñez, Adolescencias y Juventudes, y yo creo que por ahí vamos a ir avanzando y vamos a ir logrando ese propósito».

Uno de los momentos más llamativos de la intervención de Díaz-Canel fue su exhortación a la juventud para que desestime las carencias del día a día y evite medirse con los estándares de vida de coetáneos en el extranjero basándose en bienes de consumo. Su propuesta gira en torno a valorar únicamente el capital intelectual. 

El gobernante expresó detalladamente que «Creo que los jóvenes tienen que tener confianza en sí mismos y un pensamiento crítico ante lo que se vive. Para eso hace falta conocimiento, para eso hace falta cultura. Ante todo, lo que nosotros hagamos en la formación de los jóvenes cubanos tiene que llevarnos a un sentido de que las personas, los jóvenes, no se distingan entre ellos por lo que poseen materialmente, sino que se distingan entre ellos por su cultura, por sus conocimientos, y que esos conocimientos y esa cultura los puedan utilizar, como buenos ciudadanos, aportándole al desarrollo de su país».

Siguiendo esta línea de pensamiento, demandó de las nuevas generaciones un rechazo absoluto a cualquier idea de cercanía política hacia los Estados Unidos, enfatizando que el único camino válido es la fidelidad al proceso político actual. De acuerdo con su visión histórica, «Cuando un joven profundiza en las raíces de nuestra identidad, historia, cultura, tendría que ser muy necio para no darse cuenta de que la alternativa de Cuba nunca podría ser la anexión a los Estados Unidos. No hay futuro para Cuba con una anexión a los Estados Unidos, y eso, entonces, les lleva a tomar una posición ante la vida, que es todo lo contrario: es cómo hacer grande su país, cómo perfeccionar el país, cómo desarrollarlo; es cómo aportarle desde esa visión de identidad, de cubanía, de compromiso con la patria, y no se puede separar de un compromiso con la Revolución».

El mandatario también radiografió el reto que asume el modelo socialista para blindar mentalmente a la juventud frente a las corrientes ideológicas externas y los hábitos del capitalismo moderno. Exigió que el patriotismo y los valores colectivos ganen la partida frente a la globalización digital, asegurando que «Nosotros tenemos que lograr que nuestros jóvenes antepongan el humanismo, que está en nuestra identidad y está en la vocación de la Revolución, ante el algoritmo. Que los jóvenes asuman la identidad cultural, la identidad con nuestras raíces contra la colonización cultural o la neocolonización cultural o la banalización que existe a nivel global. Y que nuestros jóvenes sean capaces de poner por encima la solidaridad ante el egoísmo que están creando las sociedades capitalistas, las sociedades de consumo». Para cerrar este apartado ideológico, concluyó de manera tajante: «Ellos tienen que confiar en sí mismos y tienen que darse cuenta de que son protagonistas fundamentales desde el presente y son parte del futuro de la nación».

Estas declaraciones se emiten en un momento sumamente delicado para la realidad de la isla, que atraviesa una crisis profunda en múltiples sectores y un vaciamiento demográfico sin precedentes; desde 2021, la nación ha visto partir a más de un millón de ciudadanos, de los cuales un alarmante 77% corresponde a personas en plena edad productiva, entre los 15 y los 49 años. A pesar del peso de estos datos, el presidente desestimó que la crisis migratoria sea una particularidad cubana, afirmando con soltura ante Cavada que «Siempre se habla mucho de los jóvenes cubanos que emigran como si la emigración fuera un problema de Cuba. La emigración es un problema mundial».

Finalmente, al abordar el alcance de las 176 reformas económicas aprobadas, las cuales abren tímidamente las puertas a la banca privada, el modelo de franquicias globales, la gestión autónoma en los municipios y las inversiones de la diáspora, el mandatario fue enfático al desmarcar estas decisiones de cualquier tipo de sumisión hacia el gobierno estadounidense. Mostrando distancia de las presiones de Washington, sentenció que «Trump no manda en Cuba, ni el gobierno norteamericano manda en Cuba. Cuba es soberana».

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