Fuentes vecinales cercanas tanto a la familia de la víctima como a la del victimario ofrecieron al influencer Niover Licea una especie de «reconstrucción preliminar de lo ocurrido» en el feminicidio de Maylen Fernández, la joven asesinada a puñaladas por el padre de su hijo en el municipio Jesús Menéndez, en Las Tunas. El presunto agresor ha sido identificado como Raúl Campana Pérez.
Según una fuente vecinal cercana a ambas familias —un ex trabajador de la fábrica de tableros de bagazo en Chaparra— la relación entre Maylen Fernández y Raúl Campana Pérez llevaba tiempo marcada por una dinámica inestable, con rupturas, regresos y conflictos constantes. Según reveló, el agresor había estado viajando con frecuencia a Rusia y, en ese ir y venir, la pareja se separó y retomó la relación en varias ocasiones. Durante ese periodo, la mujer comenzó a frecuentar nuevamente la vivienda familiar, hasta establecerse allí de forma más permanente. A partir de ese momento, según el testimonio, se reactivó la convivencia, pero con ella los mismos problemas que ya arrastraban.
La fuente describe una relación atravesada por celos de ambas partes, reproches constantes y discusiones recurrentes, en un ambiente de desconfianza sostenida. Se mencionan conflictos relacionados con supuestas infidelidades y un deterioro progresivo del vínculo. “No se dejaban vivir”, resume la persona entrevistada, que insiste en que la situación era conocida dentro del entorno cercano.
Ese deterioro no pasó desapercibido para la familia. Según esta versión, tanto la madre como el padre del agresor intervinieron en varias ocasiones, intentando que pusiera fin a la relación. El padre, en particular, le habría insistido en que se separara para evitar un desenlace mayor, mientras que también se habrían producido conversaciones con la propia víctima para frenar la escalada de conflictos. La fuente asegura que estas advertencias fueron reiteradas, en un intento de cortar una relación que ya se percibía como insostenible.
A pesar de esas intervenciones, la pareja decidió continuar junta y trasladarse a la zona de San Juan, donde residían en una vivienda ubicada detrás de la casa de familiares, junto a su hijo pequeño. Allí la convivencia mantuvo el mismo patrón: discusiones frecuentes, celos y tensiones que no lograron resolverse. La mudanza no redujo el conflicto, sino que lo trasladó a otro espacio donde ambos continuaron “llevando la misma vida”, en palabras de la fuente.
Ese entorno introduce una limitante adicional. San Juan es un asentamiento rural perteneciente a Chaparra, en el municipio Jesús Menéndez, cerca de Puerto Padre, en Las Tunas. En comunidades de este tipo, las posibilidades de acceso a servicios de acompañamiento psicológico, mediación o atención especializada son reducidas, lo que deja la gestión de conflictos en el ámbito familiar o vecinal. No hay constancia de que la pareja haya recibido intervención profesional.
En ese mismo relato, el agresor es descrito como alguien que, pese a ser visto como trabajador y “correcto”, venía mostrando signos de inestabilidad emocional. “Estaba mal de los nervios”, señala la fuente, en referencia a episodios previos dentro de la relación. La persona consultada dice desconocer si recibía tratamiento o estaba medicado.
En ese escenario, el contexto previo al crimen queda definido por una relación que no logró estabilizarse, pese a los intentos de terceros por intervenir. La fuente insiste en que el desenlace no fue completamente inesperado dentro del entorno cercano.
“Se veía venir”, afirma.
Sin embargo, a pesar de todo el matiz de lo dicho, y del contexto descrito por la fuente vecinal, este no modifica el hecho central: la agresión fue directa y sostenida, y terminó con la vida de la víctima. Ninguno de esos elementos que aporta la fuente altera el desenlace: una agresión intencional que terminó en la muerte de una mujer a manos de su pareja.
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De acuerdo con la versión recogida, el ataque ocurrió al mediodía, cuando el agresor regresó de trabajar y, tras una discusión, apuñaló a la mujer en múltiples ocasiones dentro de la vivienda. Las fuentes señalan que la víctima recibió numerosas heridas —once, aseguran— incluyendo lesiones graves en el abdomen y el cuello. También indican que intentó defenderse, presentando cortes en los brazos, pero no logró evitar la agresión. El hecho ocurrió en presencia del niño, de apenas cuatro años.
El contexto en que se produjo el crimen agravó la situación. Vecinos aseguran que en ese momento no había electricidad ni cobertura estable, lo que dificultó pedir ayuda inmediata. Ante la falta de transporte, la víctima tuvo que ser trasladada en un medio improvisado hasta que fue llevada al hospital de Chaparra, donde falleció debido a la gravedad de las heridas.
Las mismas fuentes indican que el presunto agresor se autolesionó tras el ataque y huyó hacia la vivienda de su padre. Posteriormente fue trasladado en un carretón hasta recibir atención médica en el hospital de Puerto Padre, donde habría sido intervenido quirúrgicamente y permanece bajo custodia policial.
Hasta el momento, no existe una versión oficial detallada de los hechos que confirme esta reconstrucción. Sin embargo, los testimonios coinciden en señalar un patrón de violencia previa dentro de la relación y una respuesta tardía condicionada por las limitaciones del entorno.
El caso ha generado conmoción en la comunidad, pues ambas familias son queridas y respetadas, y vuelve a poner el foco sobre los feminicidios en Cuba, en un contexto donde organizaciones independientes ya han documentado varios casos en lo que va de año.



















