Dicen que a perro flaco todas son pulgas, pero también que Dios aprieta pero no ahoga. En eso pienso cuando reconozco con certeza que por suerte, en Cuba, el frío, por muy frío que sea, no es de esos que obliga a poner la calefacción. Si así fuese, ahora mismo, «Houston, tenemos un problema.» Porque el país entra en un tramo invernal sostenido y, al mismo tiempo, pierde por unas jornadas a su mayor bloque unitario de generación: la Antonio Guiteras, en Matanzas, salió del Sistema Electroenergético Nacional (SEN) para atender averías asociadas a un sobreconsumo de agua.
En lo meteorológico, el aviso viene con nombre y apellidos.
El meteorólogo Ariel Maturell explicó que desde esta semana y hasta el martes 3 de febrero Cuba estará expuesta a un descenso marcado de temperaturas, empujado por una masa de aire “extremadamente fría” sobre Norteamérica y el Golfo de México, que se reforzará el fin de semana con aire todavía más frío procedente de Canadá.
El pronóstico incluye un nuevo frente frío —el octavo de la temporada— y la posibilidad de que los termómetros bajen a valores de un dígito en buena parte del país, con mínimas que en las zonas históricamente más frías podrían rondar los 5°C, e incluso más bajas si se alinean las condiciones de nubosidad.
Maturell recordó además un detalle que en Cuba suele olvidarse por costumbre: aquí el frío no se maneja con infraestructura, se maneja “resolviendo”. Las viviendas no están preparadas, la ropa de abrigo es desigual y, cuando las mínimas bajan de 10°C en zonas del interior, existe riesgo real de hipotermia ligera o moderada para personas expuestas sin protección adecuada. Dicho de otro modo: el frío en Cuba no mata por Siberia, mata por precariedad.
En paralelo, el sistema eléctrico se complica por su propio lado. La Guiteras se desconectó este jueves con un objetivo técnico concreto: disminuir el consumo de agua, eliminando la avería en el recalentador de la caldera y otras pérdidas; además se prevé el lavado de los CAR (calentadores de aire regenerativo) y la corrección de defectos para “llegar hasta marzo con mejores indicadores”, según explicó el director técnico de la planta, Román Pérez Castañeda. La parada, de acuerdo con la información oficial, debe extenderse entre 72 y 96 horas, con trabajos en caldera previstos para comenzar el viernes.
Después del mantenimiento, la expectativa es subir la carga de unos 180 MW a 220–240 MW. Pero, mientras tanto, la suma es simple y cruel: días más fríos, demanda doméstica que sube aunque sea a punta de fogones, y menos generación disponible en el horario pico. En un país que vive con el apagón como paisaje, la noticia no es que llegue un frente frío, ni siquiera que se rompa una unidad. La noticia es que todo llega junto, otra vez: el termómetro bajando y la Guiteras apagada, en el mismo calendario.


















