¿Cuba colapsará o sobrevivirá? Analistas en EE.UU. opinan sobre lo que está pasando en la isla

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Dos lecturas opuestas sobre el presente cubano ganaron tracción esta semana en Estados Unidos, a medida que la crisis de combustible y el deterioro económico vuelven a colocar a la isla en el centro del debate político. En una columna de opinión en The Washington Post, la periodista Lizette Alvarez sostiene que “Cuba está colapsando” y que esa fragilidad abre una ventana para un “acuerdo” impulsado por Donald Trump que, a su juicio, podría empujar cambios concretos sin recurrir a violencia ni a una intervención militar.

El argumento de Alvarez parte de una idea central: tras décadas de políticas fallidas —sanciones, retórica y maximalismos— la vía realista sería un paquete negociado donde Washington use su palanca económica para exigir reformas con plazos. En su esquema, el levantamiento del embargo y la asistencia económica estarían atados a medidas verificables como la liberación de presos políticos, la reducción de trabas a la iniciativa privada, menos restricciones a la prensa y, eventualmente, elecciones. En ese marco menciona que Trump dijo a reporteros que trabajaría “un acuerdo” con Cuba y subraya el peso de Marco Rubio en el gabinete, por su origen y perfil duro, aunque sugiere que terminaría alineándose con la voluntad política de Trump.

En el extremo contrario, un texto publicado por CounterPunch, firmado por Michael Smith, sostiene que Washington busca “asfixiar” a Cuba mediante el cierre de suministros energéticos y que la historia de la isla es precisamente la de resistir crisis, ataques y aislamiento. Smith describe una vida cotidiana golpeada por apagones, falta de combustible, restricciones de transporte y medidas de ahorro, pero insiste en que el pronóstico de “fin inminente” de la Revolución se ha repetido antes —por ejemplo, tras la caída de la URSS— sin materializarse, y atribuye la resiliencia a cohesión social y rechazo a la presión externa.

Mientras Alvarez escribe en clave de propuesta de negociación —y asume que el colapso es una oportunidad para condicionar reformas— Smith escribe en clave de denuncia política, con afirmaciones de contexto geopolítico que presenta como parte de su tesis y que no están planteadas como reporte neutral. Ese contraste importa porque, en la discusión pública, ambos textos están funcionando como munición para bandos distintos: unos para presionar “deal ahora”, otros para afirmar “resistencia y soberanía”.

En paralelo al debate, hechos verificables apuntan a la dimensión energética del problema. Reuters reportó el 12 de febrero que Rusia se prepara para enviar crudo y combustibles a Cuba “en un futuro cercano” como ayuda humanitaria, citando al periódico Izvestia y a la embajada rusa en La Habana, en un momento en que la isla ha advertido a aerolíneas internacionales sobre la falta de combustible de aviación. Esto, más allá de la propaganda de cada lado, confirma que el combustible se ha vuelto el nervio inmediato de la crisis y también el eje de la narrativa internacional sobre lo que podría venir.

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