Hija de diplomática cubana agarra vacaciones y se va a Suecia, a resistir creativa y revolucionariamente

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Una publicación en redes sociales mostró a la hija de la embajadora de Cuba en Japón disfrutando de un viaje familiar por Estocolmo. La gente se pregunta, ¿cómo fue?

La embajadora de Cuba en Japón se llama Gisela Beatriz García. Su hija se llama Beatriz Crespo García. Y esta semana, Beatriz Crespo García estaba en Estocolmo, Suecia, de vacaciones con su esposo y sus dos hijos. El viaje fue documentado en redes sociales y captado por usuarios cubanos que no tardaron en compartirlo con una pregunta obvia: ¿quién paga eso?

En Cuba, mientras tanto, los apagones superan las 18 horas diarias en algunas provincias. La harina que llega a las bodegas se destina a dulces en lugar de pan. El ferry de Isla de la Juventud lleva semanas parado porque el gobierno no tiene un motor para repararlo.

La respuesta que el régimen tiene para todo eso es la misma de siempre: resistencia, sacrificio, bloqueo.

Para los hijos de sus diplomáticos, la respuesta es diferente.

Un patrón que nadie en La Habana quiere discutir

El caso de la hija de la embajadora en Japón no es una anomalía. Es la norma. O al menos eso parece.

Recordemos el caso muy sonado de Manuel Alejandro Marrero Medina, hijo del primer ministro cubano Manuel Marrero. El joven, que además es dueño de un hostal en Nuevo Vedado, integra la larga lista de hijos y familiares de dirigentes que viven una vida acomodada mientras los cubanos de a pie se debaten entre la libreta de abastecimiento y la falta de combustible.

Lo que hizo su caso más notorio fue que él la exhibía sin pudor en su cuenta de Instagram.

Estas dos fueron, de todas, las que más ruido hicieron. Y las que permitieron localizar «quién era el dueño del avión».

En 2018, por ejemplo, fue captado viajando en los jets presidenciales que Venezuela regaló a la cúpula cubana, publicando fotos con el texto «Volando de regreso a casa».

Sus destinos fueron variados. Un día fue visto junto a un grupo de amigos en Madrid; otro día en… Orlando, Florida.

Cualquiera pensaría que estas son las manzanas podridas del saco, pero si uno va a la mata encuentra casos como el de Tony Castro, nieto del difunto dictador Fidel Castro, quien se la pasa viajando por el mundo y fue sorprendido en un yate millonario por el Mediterráneo almorzando —o comiendo, no recuerdo bien— en una isla griega, y no en una fonda. No. Era en un restaurante de esos donde hasta la sonrisa te la cobran a precio de gallina enferma.

En estos días ha salido a la luz la casona con piscina en la que vive Mariela Castro, pero dentro de esa familia el más dichavado es Sandro Castro, otro nieto de Fidel, una especie de capo de la noche habanera, dueño de bares como el Efe en el Vedado y el Fantaxy en Miramar. El influencer ha sido visto tomando Whisky muy relajado en la finca El Patrón; o corriendo uno de los Mercedes Benz del abuelo; o mostrándole al corresponsal de CNN en La Habana que él es un cubano de a pie, pero con split en la casa y planta eléctrica.

No hace mucho, el cantante Alexander Delgado, de Gente de Zona, dijo en un podcast que numerosos hijos y nietos de dirigentes cubanos residen actualmente en España disfrutando de lujos, negocios y estabilidad económica mientras la isla atraviesa una de las peores crisis de las últimas décadas. Específicamente en Madrid.

Lucen prácticamente desconocidos, porque pocos los conocen, ya que han estado años fuera del radar público; pero sí, asisten y ocupan mesas VIP en conciertos de Carlos Varela o Descemer Bueno, donde al menos yo los he visto.

No hace mucho tampoco el periodista oficialista Francisco Rodríguez Cruz, conocido como Paquito, generó controversia al publicar en Facebook que los dirigentes cubanos que tienen hijos viviendo en el extranjero deberían abstenerse de dar lecciones sobre cómo ser revolucionarios. A lo mejor Paquito no tiene la lista entera, pero pueden apostar que se pasan de cien.

La hija de la embajadora en Japón no es funcionaria pública ni figura política. Tiene todo el derecho de viajar a donde quiera. Pero mientras el régimen que sostiene a su madre le pide al pueblo cubano que aguante, que resista, que confíe en que la situación va a mejorar, ella estaba en Estocolmo. Con esposo, con hijos y sin tener que resistir absolutamente nada. Y sobre todo, sin que la gente sepa de donde salió la pasta.

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