Párroco de Rodas y Cartagena cae del techo de su iglesia y es ingresado en terapia intensiva en Cienfuegos

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La Diócesis de Cienfuegos informó que el P. Yuniel Alfonso Quintero, párroco conocido como «Lolo», fue ingresado en terapia intensiva tras caer del techo de su iglesia con fracturas en cadera y cráneo. Está hospitalizado en estado grave.

La Diócesis de Cienfuegos emitió el 21 de abril una nota oficial informando que el sacerdote Yuniel Alfonso Quintero, párroco querido en sus comunidades de Rodas y Cartagena donde todos lo llaman el padre Lolo, sufrió un accidente grave al caer del techo de su iglesia.

Según el parte médico, fue trasladado a la Sala Polivalente de Terapia Intensiva del Hospital General Universitario Dr. Gustavo Aldereguia Lima de Cienfuegos con fracturas confirmadas en cadera y cráneo, y posibles fracturas adicionales en la extremidad derecha.

La nota, difundida también por el conocido locutor radial cienfueguero Osvaldo Vega Llorens, generó una ola de mensajes de solidaridad y oración en redes sociales, pero también dejó flotando una pregunta incómoda que nadie en los comunicados oficiales formuló: ¿qué hacía un sacerdote en el techo de su iglesia?

Lo que se sabe del accidente

La información disponible proviene exclusivamente de la nota oficial de la Diócesis de Cienfuegos, firmada el martes 21 de abril, tercer día de la III Semana de Pascua. El Vicario General, el P. Manel Homar Toboso, comunicó el hecho a la diócesis y esta lo hizo público de inmediato. El padre Yuniel Quintero, conocido como Lolo, es párroco de dos comunidades: la Parroquia Nuestra Señora del Carmen en el municipio de Rodas y la Parroquia Nuestra Señora de la Caridad en Cartagena, ambas en la provincia de Cienfuegos.

Las fracturas en cadera y cráneo, junto con las posibles lesiones adicionales en la extremidad derecha, lo sitúan en un estado de gravedad que justifica su ingreso en la unidad de terapia intensiva polivalente del principal hospital universitario de la provincia. La Diócesis pidió a los fieles no acudir al hospital hasta que se indique cuándo será posible realizar visitas.

El mensaje que acompañó la nota incluyó el Salmo 23: «El Señor es mi pastor, nada me falta.» Una elección que resuena de manera particular cuando un sacerdote cae del techo de su propia iglesia en un país donde la infraestructura religiosa lleva décadas en deterioro.

En Cuba, los sacerdotes arreglan sus propias iglesias. No es una anécdota ni una excepción: es una realidad documentada y sistemática. La Iglesia Católica cubana nunca recuperó la mayoría de sus propiedades confiscadas por el Estado en la ola de nacionalización que comenzó en 1961. Las que conservó quedaron bajo su administración, pero sin los recursos materiales ni el acceso a brigadas de construcción que permitan un mantenimiento sostenido.

El resultado es visible en toda la isla. El padre Kenny Fernández, párroco en Catalina de Güines, alertó públicamente en 2023 que llevaba más de un año buscando una brigada para reparar el campanario de su iglesia, dañado por un rayo, sin encontrar trabajadores disponibles. En 2024, el techo de la capilla de La Inmaculada en Centro Habana se derrumbó completamente, sin víctimas por poco. Ese mismo año, Hypermedia Magazine documentó el caso de la iglesia de los Padres Escolapios en Guanabacoa, cuyas instalaciones expropiadas por el Estado en 1961 terminaron en ruinas mientras la parte que conservó la Iglesia permanecía en buen estado. Una feligresa en Santiago de Cuba escribió en los comentarios del post sobre el padre Lolo algo que sintetiza décadas de abandono: «La de Santo Tomás, la de Santa Lucía y la de San Francisco necesitan reparación.»

Cuando no hay brigadas ni presupuesto ni materiales, quien sube al techo es el cura.

La nota de la Diócesis de Cienfuegos fue compartida con rapidez por Osvaldo Vega Llorens, uno de los locutores radiales más conocidos de la provincia, lo que amplió significativamente su alcance entre los cienfuegueros. Los comentarios se multiplicaron rápidamente con mensajes de oración, de afecto y de preocupación genuina por un sacerdote al que su comunidad claramente quiere.

Lo que no aparece en ninguno de esos comentarios es una exigencia al Estado cubano de que las iglesias del país estén en condiciones que no pongan en peligro la vida de quienes las mantienen. Esa conversación, en Cuba, todavía no ha tenido lugar.

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