La Black Strat de David Gilmour volvió a escribir un capítulo aparte en la historia del rock y del coleccionismo musical. La icónica Fender Stratocaster asociada a Pink Floyd se vendió por 14,55 millones de dólares en una subasta de Christie’s en Nueva York, recuperando el título de guitarra más cara jamás vendida. La cifra fue reportada por Rolling Stone, Guitar.com y Guitar World, que coincidieron en que la venta pulverizó el récord anterior y devolvió a este instrumento al centro de una mitología que mezcla música, nostalgia y dinero a escala descomunal.
La historia de esa guitarra ya era excepcional antes de esta nueva puja. La Black Strat había sido subastada en 2019 por 3,975 millones de dólares, cuando fue adquirida por Jim Irsay, el fallecido dueño de los Indianapolis Colts y uno de los coleccionistas más voraces de memorabilia musical en Estados Unidos. Ahora, al salir de la colección Irsay en la serie de subastas organizadas por Christie’s en marzo de 2026, el instrumento no solo volvió al mercado: regresó convertido en pieza central de un remate concebido casi como una exposición del poder simbólico del rock clásico.
La importancia de la Black Strat no depende solo del precio. Esa guitarra está ligada a grabaciones y presentaciones fundamentales de Pink Floyd y al sonido que ayudó a definir discos como The Dark Side of the Moon y Wish You Were Here. Guitar World recordó que el instrumento, modificado varias veces a lo largo de su vida útil, fue una herramienta creativa decisiva para Gilmour y un objeto seguido casi con devoción por guitarristas, técnicos y coleccionistas. En la práctica, lo que se pagó en Nueva York no fue solo madera, metal y electrónica: fue una porción material de la historia del rock británico.
La subasta de la colección Irsay también dejó otras cifras enormes. Guitar World informó que Tiger, la célebre guitarra de Jerry Garcia, alcanzó 11,5 millones de dólares, mientras otros instrumentos ligados a los Beatles y a Eric Clapton también superaron estimados ampliamente. Pero incluso en ese contexto de locura, la Black Strat quedó arriba de todos. En una época donde el mercado del lujo se mezcla cada vez más con la nostalgia cultural, la venta confirma que ciertos objetos musicales ya no se miden como simples piezas de colección: funcionan como reliquias globales, comparables a manuscritos históricos o cuadros de primer nivel.


















