El cierre de la embajada cubana en Quito ha desatado una verdadera tormenta diplomática, pero para una gran parte de los exiliados radicados en Ecuador, la noticia es motivo de alivio. Lejos de lamentar la ruptura, la comunidad de la Isla en el país sudamericano ha cerrado filas en torno a la decisión del presidente Daniel Noboa de expulsar a los representantes del régimen, asegurando que la sede jamás funcionó como un verdadero respaldo para los migrantes.
A través de las cámaras de TC Televisión, el sentir del exilio quedó plasmado en las declaraciones de Jorge Lázaro Leyva, un cubano con más de 14 años residiendo en territorio ecuatoriano. Con total contundencia, Leyva contrastó la realidad que vive hoy con la censura impuesta en su país natal: “Yo aquí tengo libertad. Puedo pararme en el medio de la calle y decir lo que quiero y no pasa nada. Esta misma entrevista se hace en Cuba y a ustedes los botan del país y a mí me meten preso”.
Ciudadanos cubanos residentes en Ecuador aseguran que nunca recibieron respaldo de su embajada en Quito y por eso apoyan la decisión del presidente Daniel Noboa.
— El Noticiero (@elnoticierotc) March 6, 2026
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Además de criticar la ineficiencia consular, el migrante fue tajante al señalar que la delegación diplomática “no prestaba servicios a beneficio de sus compatriotas, sino a intereses directos del gobierno castrista”. Incluso, Leyva fue un paso más allá al sugerir (aunque sin presentar pruebas formales) que buena parte del personal operaba bajo las órdenes de la Seguridad del Estado en lugar de ejercer labores estrictamente diplomáticas.
La crisis alcanzó su punto de no retorno este jueves, cuando la administración ecuatoriana lanzó un ultimátum de 48 horas para que los enviados de La Habana hicieran sus maletas. La advertencia fue inflexible: quien no abandonara el país en ese lapso perdería su inmunidad, quedando sujeto a las leyes migratorias de Ecuador como cualquier otro ciudadano extranjero.
El resultado de esta drástica medida fue el cierre de facto de la misión en la capital ecuatoriana. El pasado 6 de marzo, a las 10:00 a.m., el edificio quedó oficialmente inoperativo luego de que el Ministerio de Relaciones Exteriores de Cuba (Minrex) ordenara el retiro inmediato de todos los símbolos y atributos patrios del recinto.
Como era de esperarse, la cúpula de la Isla no tardó en reaccionar. El Minrex emitió un comunicado el viernes donde lamentó “profundamente la acción unilateral e inamistosa del gobierno del Ecuador”. Según la diplomacia cubana, esta expulsión “atenta contra el espíritu de respeto y cooperación que históricamente ha caracterizado las relaciones bilaterales entre ambos países”.
Por su parte, el gobernante Miguel Díaz-Canel elevó el tono de la queja, tildando la maniobra de Quito como “injustificada, hostil e inamistosa”, y recurriendo a la habitual retórica oficialista al acusar al gobierno de Noboa de actuar con “sumisión a intereses imperiales”.
A pesar del contundente golpe diplomático, el régimen encontró consuelo en sus simpatizantes habituales. La Cancillería agradeció el espaldarazo del movimiento Revolución Ciudadana, el Partido Comunista Ecuatoriano, la Sociedad Médica Internacional SMI-ELAM y la Coordinadora Ecuatoriana de Amistad y Solidaridad con Cuba. Estos grupos se hicieron eco del discurso de La Habana, denunciando que la expulsión obedece a una agenda dictada desde Estados Unidos.
Este choque frontal suma un nuevo y tenso capítulo al historial de fricciones entre el gobierno cubano y otras capitales de la región, poniendo una vez más bajo la lupa el verdadero rol de las misiones castristas en el extranjero.


















