Un jurado en Miami-Dade recomendó cadena perpetua para Harrel Braddy, de 76 años, en el cierre de la nueva fase de sentencia por el secuestro y asesinato de Quatisha Maycock, una niña de cinco años cuyo caso estremeció al sur de Florida desde 1998. La decisión evitó la pena de muerte y deja el castigo como prisión de por vida, tras un proceso que volvió a abrirse por los cambios legales que obligaron a revisar condenas capitales dictadas bajo reglas anteriores.
El crimen ocurrió la noche del 7 de noviembre de 1998, cuando, según los fiscales y la reconstrucción judicial, Braddy secuestró a la niña y a su madre, Shandelle Maycock, a quien conocía por vínculos de iglesia. La madre fue golpeada y estrangulada hasta quedar inconsciente y luego abandonada en un tramo aislado cercano a la US-27, mientras el atacante se llevaba a la menor. La niña terminó en una zona remota de los Everglades, en el corredor conocido como Alligator Alley, donde fue dejada junto a un canal. Días después, pescadores encontraron el cuerpo con evidencias de ataque de animales.
Braddy había sido condenado en 2007 y sentenciado a muerte, pero esa pena quedó anulada años más tarde, lo que llevó a un nuevo juicio de sentencia. En esta etapa, el jurado debía decidir si recomendaba ejecución o prisión de por vida; finalmente optó por la cadena perpetua tras varias horas de deliberación, y el dictamen se formalizó como sentencia a cumplir de por vida.
El caso regresó a tribunales por la evolución del marco legal sobre la pena capital en Florida, especialmente en lo relativo al rol del jurado y los requisitos de votación en la recomendación de muerte, un terreno que ha provocado revisiones y resentencias en múltiples expedientes. Medios locales destacaron que la fiscalía insistió en la crueldad del acto y en que la niña comprendía el peligro; la defensa, por su parte, pidió evitar la pena máxima.

















