Una confesión lanzada en tono de relajo, con carcajadas y frases cruzadas, terminó convertida en un concurso público de memoria, chisme y conjetura, cuando la actriz cubana Lili Rentería dijo, sin rodeos, que una vez estuvo enamorada de dos hombres al mismo tiempo.
Así lo reconoció ella en un video difundido por la página La Familia Cubana y no fue una insinuación tibia: lo afirmó dos veces, como quien sabe que acaba de tirar una piedra al agua y quiere ver cómo crecen los círculos.
“Me enamoré de dos hombres… y estaba verdaderamente enamorada de ambos a la vez. Absolutamente”, se le escucha, mientras el intercambio alrededor intenta procesar la magnitud del testimonio y, de paso, avivar la candela. Incluso dijo que ella hubiese querido fusionar a los dos en uno solo.
El fragmento mezcla confesión y espectáculo. Rentería admite que aquello fue “un lío”, que llegó a un punto de decisión, y se apoya en una idea que, por sí sola, explica por qué el post explotó: “Acuérdate que en esos tiempos yo podía decir: Tín, Marín, de dos pingué”. Es decir, que en su época de mayor brillo —cuando su imagen era parte del imaginario de la televisión y el cine cubanos— podía permitirse escoger con quién quería estar.
En el video, cuando le insisten para que suelte los nombres, se planta: “No puedo decir nombre… Esto nunca lo voy a comentar”. La negativa, como suele pasar, fue la gasolina. Eso sí: dijo que logró cumplir su sueño con ambos. Por separado cada uno.
El post generó cientos de comentarios y buena parte de ellos giraron sobre lo mismo: adivinar quiénes fueron esos dos hombres, o asegurar que se “recuerda” el detalle.
La conversación se fue armando con nombres repetidos como si fueran candidatos en una tómbola sentimental. Albertico Pujol apareció pronto como apuesta fuerte, junto a Patricio Wood; otros tiraron a Salvador Blanco (el Salvador “de Para Bailar”), y también se coló el nombre de César Évora, mencionado como posibilidad por más de un usuario. En paralelo, hubo quien, como siempre, intentó descarrilar el hilo con bromas políticas, pero el grueso del debate se quedó en el terreno del “¿quiénes eran?” y “yo sí sé, pero no lo voy a discutir con nadie”.
Lo curioso es que, mientras el público jugaba a ser el detective, otra parte del comentario colectivo giraba hacia la estética y la época “prime” de Lili: gente recordando que era una belleza evidente y que, en aquellos años, es cierto, ella podía darse el lujo de escoger con quién estar. Esa idea no sale solo del mito: se sostiene en la persistencia con que se habla de ella como una de las figuras más atractivas de su generación, además de su trayectoria como actriz.
Al final, el video deja dos cosas claras: que Lili dijo exactamente lo que dijo y no lo retiró, y que su silencio sobre los nombres fue, en términos de redes, la jugada perfecta. La confesión quedó servida; el resto lo hizo el público.
Y tú, ¿quiénes crees que fueron esos dos afortunados?

















