Actor Enrique Bueno confiesa que nunca quiso estar con una actriz

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En una entrevista compartida por la página La Familia Cubana, el actor Enrique Bueno soltó una frase que, dicho así, parece un dardo y termina funcionando como chispa: “Nunca quise estar con una actriz”. La escena, lejos de ser una confesión amarga o una pulla, se arma como un intercambio juguetón en el que la propia conversación se encarga de matizar, corregir y hasta reírse de la idea inicial. Lo que aparece es un Bueno que admite una renuencia antigua, casi como una superstición personal, y al mismo tiempo se ve obligado a explicar que la historia real, la de su pareja, Dalia Yacmell, no entra limpia en esa etiqueta.

“Yo siempre estuve renuente a tener una relación con una actriz”, dice en el fragmento. Apenas lo pronuncia, llega la reacción del otro lado, en voz de la bella actriz Maykel Amelia: “Ay Dios mío”. Y ahí empieza el reajuste.

“No era actriz”, aclara él. “¿Y qué cosa era?”. “No, era bailarina”. “Ah, bailarina”. El diálogo avanza como esas conversaciones donde la gente se interrumpe para precisar porque entiende que, si no lo hace, la frase se va a quedar flotando con una mala intención que no tiene. Entonces Enrique Bueno remata con una frase que se le escapa como broma peligrosa: “Y se me hizo actriz entre las manos”. “¿En serio?”. La risa se escucha en la estructura misma: el entrevistador lo lleva hacia el filo de “tú la hiciste actriz”, y él se defiende rápido, casi alarmado: “No, yo no la hice nada… No, no, no… Para nada”.

A partir de ahí, la explicación se vuelve más nítida. Enrique insiste en que cuando la conoció, ella era bailarina y lo sigue siendo. Que la actuación estaba ahí como deseo, como inclinación, pero no como rótulo de origen.

“Siempre le gustó la actuación, pero cuando yo la conocí, ella no era actriz”, dice, tratando de dejar claro que la frase inicial no es un menosprecio a las actrices, sino una manera torpe de contar cómo él imaginaba su vida y cómo la vida le cambió el guion.

En los comentarios del post, la audiencia hace lo que suele hacer el público cubano cuando se siente invitado a una intimidad: convierte el momento en relajo, defensa, chisme sano y también golpe bajo. Una usuaria se burla del enredo lógico: “Y entonces pq te enrredastes con una jjjjj eso es un chiste”. Otra baja el tono y precisa, como si estuviera corrigiendo un titular: “Ella es bailarina”. Una tercera entra a echar más leña: “Jajajaja… no enciendas más candela”, recogiendo esa frase del propio fragmento, “Aquí estoy encendiendo”, dicha por Amelia, como resumen perfecto del efecto viral: mientras más intenta Enrique explicar, más combustible se genera.

También aparecen los elogios a la pareja y la lectura romántica del asunto: gente que dice que “habla lindo de su esposa”, que “son una pareja encantadora”, que ella “tuvo buena actuación” y que hacen “bella pareja”.

En paralelo, asoma la parte amarga típica de cualquier post viral: comentarios sobre la apariencia, acusaciones de “tercermundismo”, respuestas indignadas contra la envidia. El resultado es un retrato doble: el actor soltando una frase con dinamita en un minuto de entrevista, y una audiencia que, entre risas y pullas, termina rearmando el sentido. Al final, lo que queda no es el rechazo a “una actriz”, sino el reconocimiento de que la persona que él conoció como bailarina terminó ocupando también el territorio de la actuación, con o sin permiso del titular.

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