En una entrevista concedida a un programa informativo mexicano, el periodista cubano exiliado Carlos Cabrera Pérez, residente en Madrid y antiguo integrante de la prensa oficial en Cuba, analizó la crisis que atraviesa la isla y aseguró que el sistema vive lo que calificó como un “apriete final”. Según Cabrera, el deterioro no es repentino: a su juicio, el colapso comenzó a gestarse al menos desde 2019 como resultado de errores acumulados del gobierno cubano y de decisiones políticas mal calculadas en su relación con Estados Unidos.
Cabrera sostuvo que, tras décadas de propaganda oficial sobre el embargo, Cuba enfrenta ahora un cerco petrolero real que ha agravado la crisis energética. Sin embargo, subrayó que las sanciones estadounidenses no incluyen alimentos ni medicamentos y mencionó que la isla continúa importando productos agrícolas desde Estados Unidos. También rechazó que la caída del turismo responda exclusivamente a la coyuntura actual y atribuyó parte del problema a decisiones internas, como el aumento de tarifas hoteleras durante el período de acercamiento con la administración Obama, que —según dijo— el mercado no pudo sostener.
Uno de los puntos centrales de la entrevista fue la crisis eléctrica. Cabrera explicó que los apagones masivos que hoy afectan a gran parte del país son consecuencia de años de deterioro de la infraestructura termoeléctrica. Afirmó que existieron oportunidades de inversión, incluido un crédito ruso para modernizar la generación eléctrica, que no se ejecutaron adecuadamente. En su análisis, recursos que pudieron destinarse al sistema energético fueron desviados hacia otros proyectos estatales, lo que dejó a la red eléctrica vulnerable antes incluso del actual corte de suministros de combustible.
Consultado sobre la situación política, Cabrera consideró que el gobierno cubano enfrenta la disyuntiva entre negociar o arriesgar un agravamiento de la crisis social. Señaló que las negociaciones con Estados Unidos estarían siendo manejadas principalmente por estructuras de seguridad del Estado. A su entender, una salida viable pasaría por acuerdos que eviten escenarios de confrontación y abran el camino a una transición pacífica.
La entrevista cerró con una reflexión sobre el futuro de Cuba. Cabrera expresó respeto hacia quienes temen que la presión externa provoque una crisis humanitaria mayor, pero invitó a evaluar tanto el peso de las sanciones como los errores internos del sistema. Defendió la necesidad de avanzar hacia un escenario donde la discrepancia política no implique persecución y donde sea posible construir una transición hacia un marco democrático.
Por su parte, en el programa De buena fuente con Marian, la periodista Marian de la Fuente conversó con el analista Antonio de la Cruz sobre las versiones que circulan en torno a posibles negociaciones entre sectores del poder cubano y Estados Unidos, en un contexto marcado por la crisis energética y la presión geopolítica sobre la isla.
Durante la entrevista, De la Cruz sostuvo que dentro de la estructura actual del régimen cubano existen muy pocas figuras con capacidad real para encabezar un proceso de negociación. Según su análisis, tras el retiro político de Raúl Castro, el único perfil con peso suficiente dentro del círculo histórico del poder sería Alejandro Castro Espín, hijo de Raúl Castro. El experto mencionó reportes periodísticos que apuntan a una supuesta reunión en México entre altos mandos de inteligencia estadounidenses y Castro Espín, orientada —según esas versiones— a explorar mecanismos de transición que protejan a sectores de la cúpula gobernante mientras se evita una implosión social.
De la Cruz planteó que la isla enfrenta una situación de inviabilidad económica bajo las condiciones actuales y que la dirigencia cubana habría optado por negociar tras observar precedentes regionales. En ese escenario, describió la posibilidad de un gobierno de tutelaje, con supervisión internacional y una hoja de ruta hacia elecciones posteriores. Según explicó, este modelo implicaría una transición pactada en la que parte del aparato estatal participaría bajo vigilancia externa para garantizar estabilidad.
La conversación también abordó el papel del exilio cubano. Antonio de la Cruz señaló que cualquier proceso de transición tendría que considerar el peso político y simbólico de la diáspora, incluyendo figuras opositoras y actores con influencia en Washington. En ese contexto, mencionó la relevancia del secretario de Estado estadounidense Marco Rubio, a quien describió como un actor con vínculos históricos y personales con la causa cubana.
El analista añadió que, aunque algunos detalles permanecen sin confirmación oficial, circulan versiones sobre la posible integración de técnicos del actual gobierno en una estructura provisional. Citó como ejemplos a Manuel Marrero en funciones técnicas y a Oscar Pérez-Oliva Fraga, vinculado a la Zona Especial de Desarrollo del Mariel, como perfiles enfocados en la estabilización económica y la atracción de inversión. Según De la Cruz, el objetivo sería preservar la gobernabilidad mientras se reorganiza el sistema y se evita un colapso mayor.

















