El caso del joven cubano Adrián Alejandro Cruz González nos ilustra a la perfección cómo, entre un proceso y otro, el tiempo es muy breve; tan breve que, aún cuando el migrante tiene derecho a tener un abogado, la prontitud con la que se realiza el proceso, e incluso el desconocimiento, puede proceder de manera negativa contra la persona que busca el Asilo Político y terminar con una orden de deportación.
Un cubano denuncia que el oficial de Inmigración que escuchó sus argumentos en la frontera sobre el motivo de su llegada a los EE.UU. consideró en 5 minutos que no había motivos para el llamado "miedo creíble" y le dijo que además, por ese motivo, quedaba sujeto a posible deportación.