Geosvany, quien trabajaba como chofer de taxi, se dirigía hacia Matanzas cuando desapareció. Tenía una familia en formación: su pareja está embarazada, y esta semana planeaban celebrar la revelación del sexo del bebé.
Que un hombre con ese historial, con su rostro y expediente documentado hasta el cansancio, esté hoy a la espera de un veredicto, sometido a interrogatorios que cuestionan sus salidas del país como si fueran evidencia de mentira y no de aguante, es alarmante. No por él solamente. Sino por lo que revela del sistema. De sus fracturas, de sus contradicciones, de sus prioridades.