La juramentación de Delcy Rodríguez como presidenta interina de Venezuela tuvo su carga política, sí, pero también dejó un “detalle” que en redes terminó pesando casi como un discurso: el vestido. La funcionaria apareció con un modelo verde, ceñido y elegante, de la firma italiana Chiara Boni La Petite Robe, y el internet, como siempre, hizo lo suyo.
Según referencias de tiendas de lujo en línea, la pieza se mueve en un rango que ronda entre 650 y 900 dólares, y en plataformas como Farfetch puede verse incluso con rebaja por encima de los 600. Ese dato fue gasolina para la conversación.

El punto no era solo el diseño (que, en clave moda, cumple: sobrio, favorecedor, “de evento oficial”). El problema fue el contraste: en un país golpeado por una crisis económica prolongada, muchos usuarios leyeron el look como un mensaje desafinado con el relato de austeridad que ha acompañado al chavismo durante años.
En X (antes Twitter) aparecieron dardos en modo ironía: “Ser rico es malo, decían”. Y de ahí al meme fue un paso: varios hablaron de “socialismo de lujo” y colocaron el precio del vestido como símbolo de desconexión en plena tensión nacional.
Claro, no todo el mundo se fue por la vía del linchamiento. También hubo defensores que intentaron bajar el fuego recordando que “una figura pública puede vestir bien sin que eso defina su gestión”, y que en ceremonias oficiales, en cualquier país, la moda de diseñador suele aparecer, se diga o no se diga.
Mientras el debate sigue subiendo y bajando entre política y pasarela, Rodríguez permanece en el foco mediático en un momento especialmente sensible para Venezuela: su asunción interina ocurre tras la captura de Nicolás Maduro por fuerzas estadounidenses y su traslado a Nueva York, donde enfrentó cargos federales y se declaró no culpable.

















