Otra muerte de un colaborador cubano en Venezuela vuelve a golpear al sector de la salud y reabre una pregunta incómoda: qué pasa con esos profesionales cuando mueren lejos de Cuba y sus familias quedan solas frente al drama. Esta vez, la noticia fue comunicada por el propio Policlínico Pedro Borrás Astorga, una institución de salud de Pinar del Río, que lamentó el fallecimiento de Yosewel Díaz Camaliche mientras cumplía misión en la “hermana República Bolivariana de Venezuela”. El nombre del policlínico aparece además en fuentes médicas cubanas vinculadas a Pinar del Río.
La publicación institucional, compartida en Facebook, no ofreció detalles sobre las circunstancias de la muerte. Se limitó a informar que el deceso ocurrió “en la tarde de hoy” y a presentar a Díaz Camaliche como un colaborador que estaba cumpliendo misión internacionalista. A partir de ahí, fueron los comentarios de compañeros, familiares y conocidos los que empezaron a dibujar el impacto humano de la pérdida: lo recuerdan como laboratorista, colega de muchos años, vecino querido, esposo, hijo y amigo.
En ese mismo hilo aparecen menciones directas a su esposa, identificada por varios usuarios como Kenia, así como a su madre y otros familiares. Los mensajes repiten una idea: que era un hombre apreciado dentro y fuera del centro de trabajo.
“Un excelente vecino, hijo, padre”, escribió una persona. Otra lo describió como “gran amigo y compañero de trabajo”. También hubo quien recordó que “siempre daba lo mejor de él” y quien se preguntó con visible desconcierto qué pudo haber ocurrido, porque hasta poco antes lo sabían bien.
La falta de información concreta sobre la causa de la muerte ha disparado la incertidumbre. Decenas de comentarios preguntan exactamente eso: “¿qué le pasó?”, sin que en la publicación aparezca una respuesta oficial. Sin embargo, en el hilo de comentarios, Oslivia Mendoza, trabajadora del policlínico pinareño y presuntamente colega y amiga del fallecido, dijo que este sufrió un infarto masivo.
El caso llega además en un momento especialmente sensible, porque apenas horas antes había trascendido otra denuncia familiar: la del médico cubano Roberto Mengana Arias, fallecido también en Venezuela, cuyo hermano aseguró en redes que necesitaban 10.000 dólares para repatriar el cuerpo porque el Estado cubano no asumiría ese costo. En ese contexto, la muerte de Yosewel Díaz Camaliche dispara de inmediato el mismo temor: que otra familia tenga que enfrentar sola trámites, gastos y abandono.
Sin embargo, entre un caso y otro hay una sutil diferencia. La periodista Annarella Grimal, a partir de una investigación hecha con fuentes cercanas a ambos descubrió que Mengana Arias, era un médico cubano que «había abandonado la misión», unos diez años antes —tras haber trabajado en condiciones de semiesclavitud por espacio de 15 años—, con familia (mujer e hijos) y toda «una vida hecha» en Venezuela. Díaz Camaliche no. Este último todavía estaba enrolado en el llamado «ejército de las batas blancas»; por tal motivo, el Estado cubano sí que pudiera hacerse responsable del traslado de su cuerpo a la isla, a diferencia de Mengana Arias que sería considerado a tales efectos como «un desertor».
Por ahora no hay una denuncia pública similar en el caso de Díaz Camaliche, pero tampoco existe información oficial que indique que Cuba asumirá la repatriación o el acompañamiento material a sus familiares. Eso sí, tras la muerte de este otro trabajador de la salud cubana en misión, vuelve a asomar la posibilidad de que, tras el homenaje institucional y las condolencias de rigor, la carga real quede otra vez en manos de la familia.


















