Miami – y en general los Estados Unidos – amanece con una alerta que trasciende la política: si el cierre del gobierno sigue, el 1 de noviembre no llegará la ayuda de SNAP, los cupones de alimentos de los que dependen 42 millones de personas en Estados Unidos. Sí, hablamos de los conocidísimos y queridísimos bonos de comida conocidos como «food stamp» y que los cubanos que no hablan inglés han españolizado como «fustán» en el lenguaje hablado.
Esa es la señal que colgó el Departamento de Agricultura en su web este 27 de octubre, mientras el cierre entra en su día 27 y Washington se mantiene trancado en una pelea que roza récords, señala USA TODAY.
El pulso es claro: los republicanos empujan una ley “limpia” para reabrir, sin extender los subsidios de primas del Obamacare; los demócratas quieren asegurar esos alivios fiscales para 24 millones de asegurados antes de aprobar fondos. En medio, hogares de bajos ingresos —incluidos miles en el sur de Florida— hacen cuentas sin margen.
La emergencia no se queda ahí. La organización que agrupa al programa WIC advierte que su colchón de dinero solo alcanzaría hasta el 31 de octubre. Si no hay un acuerdo, madres, bebés y niños pequeños podrían quedarse sin leche, fórmula y consultas nutricionales al iniciar noviembre. Y el secretario del Tesoro, Scott Bessent, adelantó que, de seguir el cierre, para el 15 de noviembre las tropas podrían dejar de cobrar.
Mientras tanto, el país opera a medias: más de 700 mil empleados federales siguen en casa, otros tantos trabajan sin salario y el tráfico aéreo se resiente. El secretario de Transporte, Sean Duffy, avisa que los controladores “se están gastando”, lo que anticipa más retrasos y cancelaciones justo cuando se acerca la temporada de viajes.
La mayor federación de empleados públicos, AFGE, se sumó a la presión con un llamado a aprobar una resolución de continuidad sin anexos y a pagar los atrasos. Y la Casa Blanca, con el presidente fuera en una gira por Asia hasta el 30 de octubre, no ofrece señales de un giro.
En Miami, donde el “fustán” es comida en la mesa, la noticia cae como plomo: bodegas, mercados y despensas comunitarias se preparan para un noviembre más duro si el «dinero plástico» no llega a tiempo.
Vicky, una anciana cubana que «sobrevive» gracias a los ciento y tantos dólares que le da el gobierno todos los meses dice que «por suerte» ella empezó a hacer sus recortes «desde que empezaron con el jelengue este y la noticia salió en Telemundo».
Vicky, 72 años, recibía en el 2023 aproximadamente $245 dólares mensuales para comida. En el 2024 se lo rebajaron a $198. Y en este 2025 se lo redujeron a $178 para luego – después que ella llamara y diera «tremendo petate» – volvérselo a subir, a $198. Vicky, madre de cuatro hijos que vive sola en su casa del SW de Miami, asegura que «por lo menos sé que si algo me pasa, mis hijos me darán un plato de comida», pero no dejar de pensar en gente conocida por ella que «no tiene a nadie y comen con los Food Stamp».
«Menos mal que yo no voté por el loco este», dice refiriéndose a Donald Trump. Y agrega:
«Uno aquí, jodido, y él paseando por Japón».


















