Llega a Cuba el «Granma 2», el barquito de la solidaridad que le trae la libertad a los cubanos

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El barco Granma 2 llegó a La Habana con ayuda humanitaria, en medio de críticas por su impacto real en la crisis cubana. En total, apenas 20 toneladas de «ayuda», en un acto cargado de consignas políticas, banderitas cubanas y del M26-7, con amplia cobertura mediática por parte de la prensa local e internacional, y aderezado con la música de Silvio «AKM» Rodríguez.

El barquito conocido como “Granma 2” arribó esta mañana a La Habana con unas 20 toneladas de ayuda humanitaria a bordo, en una operación organizada desde México como parte del convoy internacional “Nuestra América”. La embarcación transporta alimentos, medicamentos y otros insumos, en una iniciativa que sus promotores presentan como «un gesto de solidaridad con el pueblo cubano y una denuncia contra el embargo de Estados Unidos.»

La llegada se produce en medio de una crisis prolongada en la isla, marcada por apagones, escasez de combustible, dificultades en el acceso a alimentos y un deterioro sostenido de servicios básicos. En ese contexto, la ayuda material es recibida como «necesaria» por parte del Estado Cubano, y como muestra fehaciente de que «Cuba no está sola», aunque el impacto real de este tipo de envíos es limitado frente a problemas estructurales acumulados durante años y por supuesto no trae a bordo lo que más anhelan los cubanos: LIBERTAD. Algo que no es tangible ni cuantificable, pero que todos los pueblos del mundo siempre quieren y aspiran a tener.

El convoy ha estado acompañado por activistas y figuras políticas de varios países, que han utilizado el viaje para visibilizar su postura sobre la situación cubana. Las negritas no son un error tipográfico.

El nombre de la embarcación, “Granma 2”, remite de forma directa al yate utilizado en 1956 por Fidel Castro y otros guerrilleros que viajaron desde el puerto de Tuxpan, en México para combatir al ejército de Fulgencio Batista y que a la postre condujo al triunfo de los barbudos tres años después. Es, sin dudas, un guiño simbólico que refuerza la carga política del recorrido pero que tiene una diferencia sustancial de fondo: la situación actual en Cuba está cien veces peor que cuando Batista gobernaba en la isla a mediados del siglo pasado.

La iniciativa ha generado críticas tanto dentro como fuera de Cuba. Diversas voces han cuestionado el momento elegido para el envío de la ayuda, así como el uso mediático del viaje y la narrativa que lo acompaña. El señalamiento principal apunta a que este tipo de acciones no modifican las condiciones de vida en la isla y, en algunos casos, contribuyen a simplificar un escenario mucho más complejo. La mayoría de las voces críticas reclaman detener de una vez por todas la exhibición de la isla como «Parque temático de la izquierda mundial», y no pocos piden a estos flotilleros, que dejen de pregonar slogans en una tierra que les es ajena, sin siquiera vivir en ella un par de meses, para conocer de cerca los mil y un problemas internos que impiden el desarrollo normal de un país y que nada tienen que ver con el imperialismo yanqui o el bloqueo.

Mientras se realizaba el desembarco en La Habana, en redes sociales circularon comentarios que contrastaban la llegada del barco con la vida cotidiana de los cubanos, marcada por la inestabilidad eléctrica y la falta de recursos básicos. Esa distancia entre el gesto simbólico y la realidad diaria ha sido uno de los ejes del debate en torno a la flotilla.

La llegada coincidió con una concentración «espontánea» de activistas y simpatizantes que, apertrechados con banderitas cubanas y del Movimiento 26 de Julio, corearon consignas en varios idiomas. Entre los gritos que se escucharon durante la llegada estuvieron “Viva la solidaridad internacional”, “Abajo el bloqueo”, “Cuba sí, bloqueo no” y “Patria o Muerte: venceremos”, junto a otros como “¿Quién tiene miedo aquí?”, respondido al unísono con “Nadie”; o el famoso «Aquí no se rinde nadie», al que los escasos cubanos presentes, que son los únicos que conocen la historia, respondieron con un apagado «Cojone».

El acto estuvo acompañado por música del hombre de la AKM, Silvio Rodríguez, que fue reproducida por altavoces, mientras cámaras y equipos de prensa documentaban cada momento del desembarco. En las imágenes se observa una notable presencia «espontánea» de medios, así como participantes grabando con teléfonos móviles y agitando banderas.

Uno de los detalles que más llamó la atención fue la utilización de la bandera cubana como prenda de vestir por parte de uno de los tripulantes de la embarcación, colocada a modo de saya, por delante de su cuerpo. En el contexto legal cubano, ese uso puede ser considerado una falta bajo la figura de “ultraje a los símbolos patrios”, una acusación que ha sido aplicada a activistas cubanos que la han llevado sobre sus hombros, lo que añade una capa de contradicción al ambiente del evento.

Durante la bienvenida, se escucharon también frases dirigidas a los participantes del convoy como “Bienvenidos a esta tierra libre y digna” y referencias directas a Fidel Castro y Raúl Castro, en una narrativa que situó el acto dentro de la continuidad histórica de la revolución cubana.

El rosario de frases expresadas, algunas más apagadas que otras, se completa con: Viva la Solidaridad Internacional (dicho en varios idiomas); Viva la revolución Cubana; Viva Cuba; Viva la Libertad (?); Abajo el imperialismo; Viva la unidad entre los pueblos; Vivan los pueblos hermanos; Abajo el genocidio; Vivan los pueblos dignos del mundo; Viva Fidel; Viva por Siempre Fidel; Cuba no está sola; Viva la dignidad de los pueblos; Viva América Latina, amén de gritos de «Cuba sí, bloqueo no», y frases más «elaboradas» como: «Bienvenidos hermanos y hermanos a esta tierra libre y digna: hermanos del mundo, el pueblo cubano los abraza. Bienvenidos a la Cuba de Fidel, a la cuba de Raúl. A la Cuba de neustro pueblo digno y revolucionario. Bienvenidos hermanas y hermanos, a este pueblo que nunca se va a rendir; a esta que sí es tu patria, a esta sí es tu lucha».

Más allá del contenido de las cajas descargadas, el evento dejó una imagen clara: no fue solo la llegada de un cargamento, sino de un acto político completo, donde la ayuda, el discurso y la simbología llegaron juntos, menos lo más necesario: la libertad que necesita el pueblo cubano.

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