Tras viralizarse en redes un fragmento del programa Conversa con Correa (RT en Español), grabado en noviembre, en el que Arleen Rodríguez Derivet habló de José Martí al intentar relativizar los apagones y Rafael Correa le respondió “estamos en el siglo XXI”, varias figuras y perfiles alineados con el oficialismo publicaron mensajes de respaldo a la presentadora, en un movimiento que incluyó pronunciamientos de muchos periodistas y comunicadores vinculados al entorno institucional. Entre ellos, de los que les llevan a la casa cajas con comida.
El apoyo de «mayor rango» en esta suerte de defensa tribal a pesar de lo terrible que resultó lo que dijo, lo explicitó Martínez Hernández, identificada en sus perfiles públicos como jefa de Comunicación de la Presidencia, cargo por el que recibe todos los meses, como lo recibía Boris Fuentes antes, cajas con embutidos, enlatados, viandas, granos, aceite etc., al escribir “Mi abrazo a Arleen, ya quisieran quienes hoy la vilipendian llegarle siquiera a los tobillos” y presentarla como una figura que “pone su rostro” en “batallas por Cuba”, en un contexto de críticas que se multiplicaron después de que circulara el clip con la frase “José Martí no conoció la luz eléctrica y era un genio… ojalá yo escribiera una línea como Martí con la luz encendida”.

En el plano del gremio y el ecosistema mediático, uno de los que también coge lo suyo, aunque menos que Leticia, por ser apenas un presentador del NTV, el periodista Abdiel Bermúdez, publicó un texto en Facebook donde reconoce que Rodríguez “se equivocó”, pero enmarca la reacción como un “linchamiento” y una dinámica de “asesinato de reputación”.

En ese hilo, la propia Arleen Rodríguez dejó un comentario extenso en el que afirma que “nunca citó a Martí”, atribuye el tropiezo al uso del verbo “conoció” “dicho a la ligera” y asegura que pidió disculpas en su programa de Radio Rebelde, además de sostener que su intención era remarcar que Martí no vivió la electricidad como un servicio cotidiano.

A esa defensa se sumaron publicaciones de otros usuarios en redes. El vicepresidente de la Unión de Periodistas de Cuba, Francisco Rodríguez Cruz, escribió una frase de respaldo que circuló en Facebook: “Ya quisieran sus detractores ser por un ratico una milésima de lo crítica e inconforme que es Arleen Rodríguez Derivet…”.
En otra publicación ampliamente compartida, la presentadora oficialista del espacio Cuadrando la Caja, Marxlenin Valdés difundió un texto bajo el encabezado “Esto no es una defensa”, en el que califica a la periodista como “genial” y enmarca el episodio como una “campaña de descrédito”, incorporando consignas políticas y una apelación explícita a Martí.
Por separado, el ensayista Enrique Ubieta, presentado en perfiles y medios cubanos como director de la revista Cuba Socialista, también apareció entre las voces citadas en redes por simpatizantes y defensores de Rodríguez, en una dinámica donde el foco de los mensajes no fue discutir el contenido del fragmento viral, sino reafirmar a la presentadora como referente del “periodismo revolucionario” y denunciar lo que describen como una operación de ataque político en plataformas digitales.

Hasta ahí todos, más o menos, viven en La Habana y de algún modo u otro tienen su privilegio (ninguno comparable al de Arleen por ser hija de uno de los únicos dos cubanos que en los años 60´ trabajaba todavía en la Base Naval de Guantánamo y por el que, tras su muerte, ella ha recibido una pensión vitalicia); pero también acudieron a defenderla periodistas como Francisnet Díaz Rondón, un periodista local que vive en la más absoluta miseria en la provincia de Villa Clara y que, por ser negro y ser pobre, a cada rato «la burocracia socialista», lo tira contra un rincón.
Díaz Rondón salió en defensa de Arleen Rodríguez señalando que “un pequeño desliz no hace verano ni invierno”, minimizando así el alcance del error. Añadió que muchas de las críticas provenían de personas que la atacan “solo porque está del lado de su Patria y de la Revolución”, enmarcando la polémica como un reproche político más que como una discusión sobre la frase en sí. Ese fue su aporte concreto al coro de respaldos: presentar el episodio como un desliz menor y atribuir las críticas a motivaciones ideológicas, no al contenido del comentario sobre Martí y los apagones.
Pero, ¿tiene Francisnet razón en todo lo que dice? Pues no. Basta recordar la actitud asumida por Arleen Rodríguez Derivet en mayo de 2019, cuando desde el programa Mesa Redonda se sumó a la deslegitimación pública de la marcha independiente LGBTI+ convocada en La Habana el 11 de mayo de ese año, una movilización que terminó reprimida por las fuerzas del orden y que contó con una amplia cobertura de medios independientes y extranjeros.
En aquella emisión, Rodríguez Derivet afirmó que los organizadores de la marcha “nunca se han interesado por los derechos LGBTI en Cuba”, ni en sus perfiles de redes sociales ni en su trayectoria pública, y los acusó de intentar “robar el trabajo de años” realizado por instituciones y activistas alineados con el Estado. En el mismo espacio televisivo, cuestionó a artistas e intelectuales que criticaron la represión policial, entre ellos Luis Alberto García, Vicente Feliú, Silvio Rodríguez, Haydée Milanés y Ulises Toirac, sugiriendo que habían expresado su solidaridad “sin informarse” sobre un asunto que, según ella, desconocían.
La conductora fue más allá al enmarcar la marcha dentro del discurso habitual de injerencia externa, al afirmar que la iniciativa estaba respaldada desde Estados Unidos y aludir de manera directa a la National Endowment for Democracy (NED) como fuente de financiamiento para “provocar cismas dentro de la sociedad cubana”. En ese contexto, sostuvo que el espacio de discusión sobre los derechos LGBTI había sido utilizado como “oportunidad”, pero que los organizadores “perdieron”, pese a que el evento hubiera sido amplificado en redes sociales.
Ese antecedente, documentado y emitido en televisión nacional, forma parte del historial público de Arleen Rodríguez Derivet y contrasta con la caracterización actual de su figura como una periodista “crítica e inconforme”. No se trata de un episodio aislado ni de una frase sacada de contexto, sino de una intervención concreta en la que, desde una tribuna institucional, descalificó una protesta cívica independiente y reprodujo los argumentos centrales del aparato oficial frente a una expresión de disenso social.
Tal vez por eso es que cae tan mal. No sé, digo yo.


















