Cubano detenido 6 meses en Alligator Alcatraz describe lo vivido: comía comida podrida y había cámaras en los baños

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Cubano libre tras seis meses en Alligator Alcatraz cuenta su experiencia tras ser liberado testimonio. Lo que vivió adentro puede resumirse en las 45 libras de peso perdidas.

Un cubano identificado como Michael Rojas, fue a su cita anual de inmigración en octubre pasado y desde allí lo mandaron directo para Alligator Alcatraz. Seis meses después, tras ser liberado mediante habeas corpus, salió con un monitor de vigilancia en el tobillo y con muchas ganas de contar lo vivido.

Michael Rojas tiene 45 años, llegó de Cuba en 2024 y vive en Miramar con su esposa Roxana Torres. En octubre de 2025 se presentó a su cita anual de inmigración como cualquier otro año y no regresó a casa. Fue trasladado al centro de detención de Alligator Alcatraz, en los Everglades, donde permaneció durante casi seis meses.

Su historia es la primera voz directa que llega desde adentro de ese lugar al que el cubano describe sin rodeos como una pesadilla. El testimonio de lo que vivió el cubano en Alligator Alcatraz tras ser liberado, fue recogido en exclusiva por CBS News Miami.

Rojas no fue arrestado en la calle ni durante una redada. Llegó por su propio pie a cumplir con la obligación anual que las autoridades de inmigración le imponían desde que llegó al país. Lo que no esperaba era que esa cita fuera la última vez que durmiera en su casa por casi medio año.

Fue trasladado a Alligator Alcatraz, el centro de detención de ICE ubicado en el interior de los Everglades que el gobierno de Trump habilitó como parte de su ofensiva migratoria y que desde su apertura ha sido foco de controversia por las condiciones en que mantiene a los detenidos. Rojas permaneció allí desde octubre de 2025 hasta marzo de 2026.

Su esposa Roxana Torres estaba frente al centro cuando recibió la llamada que cambió la situación. «Mi esposo me llamó y me dijo que lo iban a poner en libertad», contó. Fue un proceso largo y difícil que ella misma impulsó desde afuera mientras él aguantaba adentro.

Sin visitas, sin abogados y con cámaras sobre los baños

El relato de Rojas sobre las condiciones internas de Alligator Alcatraz es detallado y sistemático. Según describió a CBS News Miami, los familiares no tienen permitido visitar a los detenidos. El acceso a abogados tampoco existe dentro del centro. La comida, dice, llegaba a veces en estado de descomposición porque el camión que la transportaba permanecía bajo el sol de los Everglades durante horas antes de distribuirse.

El resultado físico de esa dieta y de las condiciones generales fue concreto: Rojas perdió 45 libras durante el tiempo que estuvo bajo custodia de ICE. La falta de privacidad fue otro elemento que marcó su experiencia. «No tenemos privacidad. Hay cámaras sobre los baños. 32 personas compartíamos tres baños. Se pueden imaginar el olor», declaró.

ICE recibió la solicitud de comentario de CBS News Miami, pero al momento de la publicación del reportaje no había ofrecido una respuesta sustantiva, señalando que necesitaba más tiempo para responder.

Un habeas corpus gratuito lo sacó de adentro

La salida de Rojas no vino de una decisión de ICE ni de un acuerdo con la fiscalía. Vino de un recurso legal fundamental llamado habeas corpus, una acción judicial que obliga a las autoridades a llevar al detenido ante un juez para justificar su confinamiento. La esposa de Rojas fue orientada por otra mujer en situación similar que ya había pasado por el proceso.

«¿Quieres hacer el habeas corpus para tu esposo?», le preguntaron. La respuesta de Roxana fue sí. El proceso fue gratuito.

Rojas tiene antecedentes penales. Llegó a Estados Unidos en 2024 con una condena previa por complicidad en un asesinato cometido en 2005, por la que cumplió 13 años de prisión en Cuba. Tras ser liberado en la isla, emigró y comenzó a reportarse anualmente a las autoridades de inmigración estadounidenses. Esa historia penal complica su situación legal actual, pero no impidió que un juez ordenara su liberación mediante el habeas corpus.

Hoy Rojas lleva un monitor electrónico en el tobillo y tiene pendiente una audiencia para determinar si puede retirárselo. Su esposa dice que se siente feliz de tenerlo en casa, pero admite que la incertidumbre no desapareció con su salida. «La segunda parte no sé qué va a pasar con él», dijo Roxana.

La semana que viene Rojas debe presentarse de nuevo ante las autoridades de inmigración. El mismo tipo de cita que hace seis meses lo llevó a Alligator Alcatraz.

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