Críticas a El B por su tatuaje de Fidel Castro: el rapero lo explica todo con un video de 2010

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El rapero cubano El B, exintegrante de Los Aldeanos, respondió a las críticas por llevar tatuados en el brazo los grados de “Comandante en Jefe”, un símbolo asociado históricamente al dictador Fidel Castro. La aclaración llega en medio del conflicto público que mantiene con Al2 El Aldeano y después de señalamientos surgidos desde La Cueva, un movimiento en el que se agrupan fans y personas cercanas a Al2.

En una publicación en Instagram, Bian Oscar Rodríguez Galá explicó que el tatuaje fue realizado en 2010 como parte de un performance artístico vinculado al video introductorio de su disco Viva Cuba Libre. El rapero rechazó que el gesto haya sido una muestra de admiración política y defendió que debe entenderse dentro de una obra conceptual marcada por la denuncia contra la dictadura cubana.

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“Los grados de Comandante en Jefe, creados exclusivamente para el tirano Fidel Castro, me los tatué justo donde se colocan los grados militares en las chaquetas, en el año 2010”, escribió El B.

La explicación aparece después de que el tatuaje volviera a circular como argumento de cuestionamiento contra el artista, en un momento en que la pelea entre El B y Al2 ha reactivado viejas tensiones entre seguidores de Los Aldeanos, uno de los dúos más influyentes del rap cubano independiente.

El B dice que el tatuaje fue parte de Viva Cuba Libre

El B vinculó directamente el origen del tatuaje con Viva Cuba Libre, un disco publicado en 2010 y considerado una de las obras más frontales de su carrera en relación con la realidad política cubana. Según su versión, el proceso quedó registrado en un material filmado en Cuba de manera underground.

“Fue parte de un performance para este video que es el intro de mi disco Viva Cuba Libre. Ese proceso del tatuaje quedó registrado en este video, material filmado en Cuba de manera underground y es parte de una obra conceptual que abría la puerta al álbum del mismo título”, explicó.

El artista también defendió el valor personal y político de ese trabajo dentro de su discografía. “Es uno de mis discos más queridos donde está presente la denuncia frontal contra la dictadura cubana y a favor de la libertad de Cuba”, añadió.

Con esa aclaración, El B intentó separar el uso visual del símbolo de cualquier lectura favorable al poder político cubano. Su argumento central es que el tatuaje no debe verse como una validación de la figura de Fidel Castro, sino como una inversión simbólica de un emblema militar asociado al poder absoluto dentro del sistema cubano.

“No fue admiración ni homenaje”, responde el rapero

La parte más directa de su respuesta estuvo dirigida a quienes han interpretado el tatuaje como una posible muestra de simpatía hacia Fidel Castro. El B negó esa lectura y afirmó que el gesto formaba parte de una narrativa artística construida desde una postura crítica.

“En ningún momento se trató de admiración ni de homenaje como algunos están tratando de hacer parecer ahora”, escribió.

El rapero añadió que se trató de “un gesto simbólico dentro de una narrativa artística: la apropiación de un emblema de poder para resignificarlo desde la idea opuesta, la de un individuo que se declara su “propio comandante en jefe””.

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Según su explicación, el sentido del tatuaje estaría precisamente en colocar sobre el cuerpo de un artista crítico un símbolo históricamente relacionado con la autoridad máxima del castrismo. Para El B, esa tensión entre símbolo y sujeto es lo que permite leer el gesto como una acción de resignificación y no como una adhesión ideológica.

“La respuesta aparece cuando uno se plantea qué significado cobrarían tatuados permanentemente en el cuerpo de alguien que representa exactamente lo contrario de lo que ese símbolo ha representado históricamente. La lectura correcta está en la inversión del poder, no en su validación”, sostuvo.

La publicación insiste en que el arte no siempre debe leerse de forma literal. En ese punto, El B defendió que su trayectoria ofrece suficiente contexto para entender el sentido del performance, especialmente para quienes siguieron su obra desde antes de 2010.

La polémica se suma al conflicto abierto con Al2

La aclaración sobre el tatuaje ocurre en medio del conflicto público entre El B y Al2 El Aldeano, una disputa que ha mezclado acusaciones personales, reproches acumulados y versiones enfrentadas sobre episodios ocurridos durante más de una década de distanciamiento.

El regreso de esa pelea al debate público ha removido la memoria emocional de muchos seguidores del rap cubano. Los Aldeanos fueron durante años una referencia para una generación que encontró en sus canciones un lenguaje directo para hablar de censura, frustración social, pobreza, vigilancia, migración y desencanto político.

En ese ambiente, cualquier símbolo asociado al poder cubano adquiere una carga especial. Por eso, la explicación del tatuaje no se limita a un detalle estético. Para una parte del público, toca una pregunta más profunda sobre el uso artístico de símbolos políticos y sobre los límites entre apropiación, provocación y ambigüedad.

El B, sin embargo, sostiene que no hay contradicción entre ese tatuaje y la postura que ha mantenido en su música. “Quienes conocen mi obra, mis discos y el contexto en el que surgió Viva Cuba Libre, entienden perfectamente el sentido de ese gesto y lo saben desde entonces”, afirmó.

El rapero agregó que “no es un elemento aislado, es parte de un discurso más amplio que venía construyéndose desde mucho antes del 2010” y remató con una frase dirigida a quienes cuestionan su historia artística: “Ya yo había picado esa naranja”.

En el cierre de su publicación, El B fue todavía más explícito al defender su trayectoria y rechazar las lecturas que, según él, desconocen su obra. “Es evidente que quien cuestiona eso ni conoce mi historia, ni mi música, mucho menos me conoce a mí y la postura que siempre he defendido”, escribió.

La frase final resumió su posición ante la controversia: “El arte no debe ser literal; trasciende lo evidente”.

Con esta aclaración, El B busca fijar su versión sobre uno de los elementos visuales más comentados de su carrera. La polémica, sin embargo, probablemente seguirá circulando entre los seguidores de Los Aldeanos, en un momento en que la relación rota entre sus dos antiguos integrantes continúa generando reacciones dentro y fuera de Cuba.

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