¿Biden volvió a gobernar? Al menos eso dirían si esta foto hubiese sido tomada en el 2023 y no hoy

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El precio de la gasolina en Estados Unidos vuelve a superar la barrera psicológica de los cuatro dólares por galón en varios estados, con un promedio nacional de 4,09 dólares y cifras aún más altas en Florida, donde ya se sitúa en 4,22, con Miami en 4,15. La subida coincide con un contexto de tensiones internacionales y aumento de la demanda previa a fechas de alto movimiento, según datos de la AAA.

Si querides… ¿será que Biden ha vuelto al poder? ¡Oh, no! Dios nos ampare.

Permítasenos el sarcasmo, que no nace de la nada y sí de esto: durante buena parte del mandato de Joe Biden, el precio de la gasolina fue tratado por la derecha estadounidense como una especie de prueba material del Apocalipsis demócrata.

Durante los años en los que «el viejito heladero» dirigió las riendas de la nación norteña, cada subida en el surtidor se convertía en meme, discurso de campaña, tuit airado y sermón sobre la incapacidad de la Casa Blanca para manejar la economía doméstica. Que vamos, no está mal criticar la gestión del presidente que sea si se cree que se tienen argumentos para hacerlo; lo más terrible e inocente es que, muchísimos ciudadanos y residentes valoran y cuestionan esas gestiones de cara al bolsillo cuando van al supermercado; o cuando cada semana rellenan el tanque de sus autos.

El problema con ese libreto, gastado, mal enfocado y peor analizado es que, cuando el precio vuelve a dispararse bajo otro presidente, ya no resulta tan cómodo seguir actuando como si el combustible obedeciera a un botón rojo en el escritorio del Despacho Oval. Este 3 de abril de 2026, el promedio nacional de la gasolina en Estados Unidos llegó a 4,091 dólares por galón y en Florida alcanzó 4,222, con Miami en 4,15, según AAA. Entonces, ¿será que Biden volvió a la presidencia? O tal vez… ¿es el nuevo gobernador de la Florida?

En honor a la verdad hay que reconocer, si se mira la serie histórica, que durante los cuatro años de Donald Trump en la Casa Blanca (2017-2020), el precio promedio anual de la gasolina se movió entre 2,17 y 2,72 dólares por galón, con un promedio general cercano a 2,48. Ese último año, como conviene recordar aunque arruine el relato político, estuvo atravesado por la pandemia y el desplome de la demanda global, lo que empujó los precios a la baja de forma excepcional.

Sin embargo, en los cuatro años de Joe Biden (2021-2024), los números fueron otros: 3,00 dólares en 2021, 3,96 en 2022 —con picos por encima de los cinco dólares—, 3,52 en 2023 y 3,31 en 2024. El promedio del periodo quedó en torno a los 3,45 dólares por galón. Es decir, sí, la gasolina fue más cara durante el mandato demócrata.

Fue sobre ese dato que se construyó una de las líneas de ataque más insistentes contra Biden de cara a las elecciones del 2023. En junio de 2022, la bancada republicana del Senado publicó un documento titulado “Gas Prices Up 100% Under Biden”, donde señalaba que el galón había pasado de 2,39 dólares cuando asumió a casi 4,90. Mitch McConnell habló de políticas energéticas fallidas y del impacto directo en las familias estadounidenses. No era un comentario aislado ni una reacción puntual: era una narrativa sostenida, repetida y amplificada. Con argumentos.

Ese mismo enfoque se trasladó a la campaña de 2024. Gobernadores republicanos organizaron actos en refinerías y centros energéticos denunciando una supuesta “guerra contra la energía estadounidense” impulsada por la administración demócrata. Donald Trump convirtió el precio de la gasolina en argumento recurrente de campaña, vinculando directamente el coste del combustible con las decisiones políticas de la Casa Blanca. El mensaje era simple, eficaz y fácil de repetir: si sube la gasolina, hay un responsable claro; y él aseguró que lo bajaría. Hubo quien aseguró que lo pondría por debajo de $2 dólares el galón.

Pero otra vez hemos vuelto a lo mismo, con una escena que rompe la simplicidad de esos argumentos. Con el precio nacional otra vez por encima de los cuatro dólares, el discurso ya no suena igual. La explicación se desplaza hacia factores externos: tensiones en mercados energéticos, conflictos en Medio Oriente, presión sobre rutas clave como el Estrecho de Ormuz, decisiones de producción global. Elementos que no aparecieron con la misma fuerza en el relato político cuando los precios subían durante la administración anterior.

El mercado del petróleo no ha cambiado de naturaleza entre 2022 y 2026. Sigue respondiendo a dinámicas globales: guerras, sanciones, oferta, demanda y decisiones de grandes productores. Lo que sí cambia es el marco desde el que se interpreta cada subida.

Cuando el galón superaba los cuatro dólares con Biden, hubo informes oficiales, titulares constantes, discursos y giras políticas centradas en ese dato. Se habló de incompetencia, de mala gestión y de políticas energéticas equivocadas. Se construyó una narrativa directa y sin matices.

Hoy, con cifras prácticamente idénticas, el tono es otro. Donald Trump ha restado dramatismo a la subida, calificándola como un coste asumible en medio de tensiones internacionales, mientras figuras republicanas han optado por hablar de volatilidad temporal en lugar de responsabilidad política directa. No hay documentos titulados “Gas Prices Up Under Trump”. No hay el mismo volumen de acusaciones ni el mismo nivel de urgencia discursiva.

El precio en el surtidor es prácticamente el mismo, pero no la reacción. La gasolina dejó de ser un símbolo de fracaso político absoluto para convertirse otra vez en lo que siempre ha sido: un reflejo de un mercado global complejo, utilizado según convenga en cada momento.

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