Bad Bunny hace historia durante el medio tiempo del Super Bowl, pero a Donald Trump no le gustó

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Lo sentimos mucho, Mr. President, pero tendrás que chuparte esa mandarina (con hollejos y todo)

Bad Bunny protagonizó este domingo uno de los espectáculos de medio tiempo más comentados de los últimos años al encabezar el Apple Music Halftime Show del Super Bowl LX en el Levi’s Stadium, en Santa Clara, California. La actuación fue presentada como un hito por su apuesta frontal por el español y por una puesta en escena que subrayó referencias puertorriqueñas y latinoamericanas, en un escenario con guiños culturales y un repertorio centrado en el reguetón y sus grandes éxitos.

La presentación incluyó colaboraciones con Lady Gaga y Ricky Martin, además de apariciones y momentos coreografiados que reforzaron el tono de “evento” alrededor del show. Apple, a través de su sala de prensa, destacó el salto de escucha simultánea del artista en su plataforma tras el medio tiempo, subrayando el alcance global del momento.

Pero el hito musical vino acompañado de la reacción política. El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, criticó el espectáculo en una publicación en redes sociales, calificándolo de “absolutamente terrible” y enmarcándolo como una afrenta a lo que él describe como “la grandeza de América”. Su comentario se centró en el carácter hispanohablante del show y en su lectura cultural del evento, en un tono que varios medios describieron como una extensión de la guerra cultural que ha marcado su comunicación pública.

La crítica no ocurrió en un vacío. Reuters recordó que Bad Bunny ha expresado posiciones públicas contrarias a políticas migratorias de Trump y que su figura se ha convertido en un símbolo generacional y cultural que trasciende la música, lo que amplifica la sensibilidad política alrededor de su presencia en un escenario visto por decenas de millones.

El episodio terminó funcionando como espejo de dos realidades que conviven en Estados Unidos: por un lado, un Super Bowl que desde hace años utiliza el show de medio tiempo como plataforma global para la cultura pop; por otro, una política cada vez más dispuesta a pelear también en ese terreno, leyendo una actuación musical como declaración identitaria. La combinación de una actuación en español en el principal escaparate deportivo del país y una reacción presidencial inmediata volvió a colocar la conversación en los ejes habituales: inmigración, pertenencia, idioma, y quién tiene derecho a representar “lo nacional” en el centro del espectáculo.

Por si no lo vio, aquí se lo dejo

Pero… ¿habrá dejado ver Mr. President su lado más «antiinmigrante» y xenófobo? ¿Qué se dice sobre eso?

Lo que se ha comentado más en medios y redes es que Trump no se limitó a criticar la calidad del show, sino que lo enmarcó como una ofensa a “los valores” o a “la grandeza” del país y subrayó explícitamente el hecho de que era un espectáculo en español, con frases del tipo “nadie entiende una palabra” y calificativos despectivos sobre lo “inspirador” o “apropiado” del medio tiempo. Ese énfasis en el idioma y en la idea de que lo “americano” queda afectado cuando el escenario principal se llena de español es lo que ha llevado a que se hable de xenofobia cultural o, como mínimo, de un guiño a la misma sensibilidad antiinmigrante que su base política suele premiar. Bueno, ya todos sabemos lo que está pasando en EE.UU. con todo eso; especialmente en ciudades como Minnessota y Los Ángeles.

También —y tal vez es la parte más interesante de todo esto— tenemos una poderosa mención por parte de Bad Bunny de cada uno de los países que integra el continente americano; con una marcha, cámara debajo, figuras enaltecidas, en las que se ven todas las banderas y al fondo, un cartel que dice que «La única cosa más poderosa que el odio, es el amor». Si a eso se le suma lo cantado por Ricky Martin, no sé, pero tal vez el tazón estaba demasiado picante para Donald.

La otra parte de la conversación es la respuesta desde el campo conservador, que intenta presentar la crítica como un asunto de gusto, de “family-friendly” y de rechazo a la NFL por decisiones de espectáculo o reglas del juego; no como un ataque a lo latino, sino como un conocedor del juego. En ese carril también entra el dato de que figuras y organizaciones alineadas con Trump impulsaron un “medio tiempo alternativo” con estética “All-American”, lo cual refuerza la lectura de choque cultural: para quienes lo critican, no es casual que la alternativa se venda como “auténticamente americana” justo cuando el show principal es en español; para quienes lo defienden, es simplemente una respuesta política a una industria del entretenimiento que sienten ajena.

Se mire como se mire, el centro de la polémica tras el «tuit», es bastante nítido: el ataque de Trump se apoyó en la idea de que un espectáculo en español, protagonizado por un puertorriqueño, no representa a Estados Unidos y supone una afrenta simbólica. Ese marco, por cómo funciona en la política estadounidense, es exactamente el tipo de señal que muchos interpretan como xenofobia cultural, aunque sus defensores lo nieguen y lo presenten como simple crítica artística.

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