El influencer cubano Pollito Tropical dejó a un lado el humor, los gritos y las polémicas para recordar los sacrificios que marcaron su vida antes del éxito en las redes sociales. Durante una entrevista con Bruno Agostini, el creador de contenido habló de su obsesión por trabajar, de los dos empleos que llegó a compaginar y de su disposición a comenzar desde cero si algún día pierde lo construido.
El episodio número 78 de Agostini Podcast, presentado bajo el título De limpiar baños a vivir de las redes, fama, dinero y polémicas, muestra una faceta menos conocida del popular cubano, cuyo nombre real es Randy Álvarez. “A mí me gusta el dinero”, admitió sin rodeos, antes de explicar que detrás de esa frase hay años de esfuerzo y no una expectativa de riqueza fácil.
“El dinero no viene por una tubería”
“El dinero no te lo regalan, ni viene por una tubería, ni está en los árboles. Tienes que trabajarlo”, afirmó Pollito Tropical. El influencer contó que durante una etapa sostuvo dos jornadas laborales: “Tenía dos trabajos: uno de siete de la mañana a tres de la tarde y el otro de seis a diez de la noche”.
Lea más: Pollito Tropical sorprende hablando en perfecto inglés y lo comparan con Cardi B
Su valoración sobre la cultura laboral actual fue igualmente tajante. “La gente no quiere trabajar, y sobre todo en Miami. Te lo digo yo, que lo veo”, aseguró. Agostini respondió que en España percibe una situación parecida.
Aunque hoy vive de su imagen y sus contenidos, Pollito insistió en que no considera ningún oficio indigno. “Siempre me ha gustado el dinero, siempre”, reiteró. Luego lanzó una de las frases más contundentes de la entrevista: “Y si hay que empezar de nuevo, pues para la calle a vender flores. No importa”.
De Cuba a una fábrica de zapatos y McDonald’s
Pollito Tropical dijo que salió de Cuba con apenas nueve años y se crió en Estados Unidos. Hoy tiene 33. Su relación con el trabajo, aseguró, comenzó mucho antes de convertirse en una figura conocida: “Desde los 14 estoy trabajando”.
Durante las vacaciones, su madre lo llevaba a la fábrica de zapatos donde ella trabajaba. El adolescente pedía que hablaran con la jefa para darle alguna tarea y terminó “doblando cajas” y armando los envases del calzado. A los 17 años llegó su primer empleo formal en McDonald’s.
El relato completa la historia anunciada por el pódcast, que también recuerda que limpió baños y buscó ingresos de distintas maneras mientras intentaba abrirse camino.
Su canal de YouTube, creado en 2013, terminó convirtiéndolo en uno de los creadores cubanos más reconocibles, con contenidos sobre humor, belleza, moda y vida personal. En esa plataforma supera el millón de suscriptores.
Realities, millones de seguidores y el precio del éxito
La carrera del influencer también ha estado marcada por la exposición y la controversia. En 2025 participó en La Casa de Alofoke 2, que abandonó temporalmente por motivos de salud mental antes de regresar. En abril de 2026 entró en Planeta Alofoke para apoyar al cubano Gino Montalvo, pero su paso duró pocos días. “Yo no me fui, me sacaron”, declaró entonces.
En febrero denunció que su cuenta principal de TikTok, con 4,8 millones de seguidores, continuaba bajo el control de estafadores que exigían 10.000 dólares para devolvérsela y contactaban a patrocinadores en su nombre. Un mes después celebró sus 33 años regalándose un Rolls-Royce, una imagen que resume el enorme salto desde aquellos primeros trabajos.
Ese contraste es precisamente el centro de su conversación con Agostini: detrás del personaje expansivo hay alguien que no atribuye su éxito a la suerte. Si el dinero, la fama y los lujos desaparecieran, su plan parece claro: trabajar otra vez, aunque eso signifique volver a la calle con flores en las manos.





