Camilo, el ángel del km 525, vuelve a ser historia

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Perdió a su esposa y a su hija y decidió quedarse en la carretera para salvar a otros: la historia de Camilo, el ángel del km 525.

En el kilómetro 525 de la Carretera Central cubana, entre el municipio de Florida y el poblado de Quesada, en Camagüey, vive un hombre que los conductores conocen como el ángel de la carretera. Se llama Camilo. Perdió a su esposa, y a su hija en ese mismo tramo, y un día decidió no volver a su casa. Nadie lo obligó a quedarse. Él solo eligió estar allí.

El hombre que cambió su casa por una orilla de la Carretera Central

Camilo no siempre fue el hombre que duerme a la intemperie junto a la carretera. Tuvo hogar, familia y una formación académica que pocos alcanzan: un máster en Ciencias Sociales. Pero la vida le cobró un precio que ningún título puede preparar a nadie para pagar.

Primero murió su esposa. Pocos días después, su hija perdió la vida en un accidente de tránsito en el kilómetro 525 de la Carretera Central, en el tramo que une el municipio de Florida con el poblado de Quesada, en la provincia de Camagüey.

Al principio, Camilo iba cada día hasta ese punto de la carretera. Era su forma de estar cerca de ella, de procesar lo imposible. Pero un día fue y no regresó. Literalmente, no volvió a su casa.

Desde entonces vive en la orilla de ese kilómetro, a la intemperie, sin paredes ni techo. Y cuando los conductores le preguntan por qué, Camilo tiene una respuesta que no deja espacio para el debate: quiere estar donde murió su hija, y quiere estar allí para ayudar a quienes puedan necesitarlo.

El ángel de Camagüey que ya es una leyenda viva de la carretera

Los chóferes que recorren ese tramo con regularidad ya lo conocen. Le llaman el ángel de la carretera, o el ángel de Camagüey, y cuando viajan acompañados, cuentan su historia a los que no lo conocen todavía. Camilo se ha convertido en una figura que ningún GPS puede señalar pero que todos los que pasan por el km 525 terminan recordando.

No está allí pidiendo nada. Está allí esperando que alguien necesite ayuda, que ocurra un accidente, que un conductor quede varado. La misma ayuda que su hija no recibió a tiempo.

La historia volvió a circular esta semana en Facebook gracias a una publicación del conductor Samuel Fabbri, quien la compartió con un pedido concreto: que alguien le construya a Camilo una garita, un refugio, algo que lo proteja del sol, la lluvia y el frío.

«Me gustaría lograr donarle un refugio allí mismo donde él quiere estar», escribió Fabbri. «Creo que somos varios choferes y personas conmovidas con su historia y solicitamos que se le construya una especie de garita u otro refugio para protegerse de las inclemencias del tiempo.»

La respuesta en redes fue inmediata. Decenas de personas ofrecieron ayuda, mano de obra y recursos. Algunos propusieron construirle un espacio de cuatro por cuatro con baño. Otros simplemente pidieron que quien pase por ese kilómetro se detenga cinco minutos a saludarlo.

Camilo no pide nada de eso. Solo quiere quedarse donde está. Y en un país donde tantos luchan por salir, hay algo profundamente humano en un hombre que eligió quedarse, no por no tener a dónde ir, sino porque encontró en ese pedazo de asfalto el único lugar donde su dolor tiene sentido.

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