En medio de una de las peores crisis energéticas y de abastecimiento de las últimas décadas, Cuba registra en estos días dos movimientos marítimos simultáneos que ilustran con claridad la precariedad del momento: por un lado, el traslado interno de combustible entre puertos de la Isla; por otro, la llegada de ayuda alimentaria desde el exterior para sostener a la población civil.
Según datos de seguimiento marítimo y observadores independientes, el tanquero Buque Esperanza, de bandera cubana, navega desde el puerto de Matanzas con destino a Cienfuegos. Todo indica que estaría trasladando parte del combustible descargado recientemente por el tanquero Sandino, que arribó a Matanzas con una carga estimada entre 390.000 y 410.000 barriles. El Esperanza, construido en 2005, presenta un calado compatible con una operación de trasiego de crudo o derivados, y tiene como destino declarado el puerto cienfueguero, donde se concentran instalaciones clave del sistema energético del centro del país.
Este movimiento no ha sido acompañado por ninguna explicación oficial. No se ha informado públicamente el origen exacto del combustible, su tipo, los volúmenes trasladados ni el plan de distribución. En un contexto marcado por apagones de más de 15 y hasta 20 horas diarias en amplias zonas del país, colas interminables para adquirir gasolina y un transporte público prácticamente paralizado, el silencio estatal vuelve a alimentar la percepción de improvisación y secretismo en la gestión de un recurso vital.
El traslado del Esperanza ocurre además en una secuencia de movimientos irregulares de tanqueros. En días recientes se siguió con atención el caso del M/T Caribbean Alliance, un buque cisterna de bandera panameña que salió del puerto de Santiago de Cuba con rumbo al Mariel. Registros de rastreo marítimo muestran que el buque llegó a Santiago el 5 de febrero con alto nivel de carga y zarpó días después, tras un trayecto previo inusualmente largo para una ruta que normalmente se cubre en pocos días. Tampoco en este caso se ofrecieron aclaraciones oficiales sobre el contenido exacto de la carga ni sobre las razones del prolongado itinerario.
Especialistas consultados coinciden en que incluso cargamentos cercanos a los 400.000 barriles no resuelven los problemas estructurales del sistema eléctrico cubano. El país depende casi por completo de combustibles importados para sostener la generación térmica, a lo que se suman termoeléctricas obsoletas, falta crónica de mantenimiento y una red de distribución al borde del colapso. En ausencia de proveedores estables, crédito internacional y reservas suficientes, cada envío funciona como un parche temporal, no como una solución sostenible.
Mientras el combustible se mueve dentro de la Isla bajo estricta opacidad, desde el exterior llegan alimentos. Este domingo zarparon desde el puerto de Veracruz dos buques de la Armada de México con más de 814 toneladas de ayuda humanitaria destinadas a Cuba. De acuerdo con información oficial mexicana, el envío se realiza por instrucciones de la presidenta Claudia Sheinbaum y tiene como destino la población civil.
El buque Papaloapan transporta unas 536 toneladas de alimentos y artículos de primera necesidad, entre ellos leche líquida, productos cárnicos, frijoles, arroz, atún, sardinas, aceite vegetal y productos de higiene personal. El Isla Holbox, que zarpó horas después, lleva poco más de 277 toneladas de leche en polvo. Las autoridades mexicanas confirmaron además que quedan pendientes de envío más de 1.500 toneladas adicionales de leche en polvo y frijoles.
El apoyo alimentario se produce tras el reconocimiento público de que México ha reducido los envíos de petróleo a Cuba para evitar sanciones comerciales de Estados Unidos, manteniendo únicamente un contrato comercial vigente, mientras prioriza la ayuda humanitaria. La llegada de alimentos contrasta con la falta de información interna sobre el combustible y subraya la dependencia creciente de Cuba de apoyos externos para cubrir necesidades básicas.
Así, mientras el Estado cubano mueve petróleo de un puerto a otro sin rendir cuentas a la ciudadanía, barcos extranjeros transportan alimentos esenciales para una población golpeada por la escasez, la inflación y el deterioro de los servicios. El contraste resume la coyuntura actual: una economía sin margen, una infraestructura energética en crisis y un país que sobrevive entre parches logísticos y auxilios puntuales.

















