Un adolescente de 13 años, Austin Appelbee, ha sido celebrado en Australia y fuera del país después de protagonizar un rescate que las propias autoridades describieron como extraordinario: nadó durante cuatro horas en mar abierto para pedir ayuda y permitir que su madre y sus dos hermanos menores fueran localizados con vida en la bahía Geographe, frente a Quindalup, en el suroeste de Australia Occidental.
El episodio ocurrió el viernes 30 de enero de 2026, cuando la familia estaba de vacaciones y salió al agua con una kayak y tablas inflables de paddle.
La Policía de Australia Occidental informó que recibió el aviso alrededor de las 6:00 p.m., tras reportarse que una mujer y dos niños habían sido arrastrados mar adentro por condiciones adversas mientras practicaban esas actividades. Para entonces, el adolescente también estaba en el agua y, según reconstrucciones publicadas por medios australianos, intentó inicialmente regresar en la kayak, pero el equipo comenzó a llenarse de agua y perdió eficacia en el oleaje.
La decisión crítica fue enviar al menor a tierra para alertar a los servicios de emergencia. El trayecto no fue un “nado corto” hasta la orilla: el adolescente recorrió aproximadamente 4 kilómetros en un esfuerzo que se prolongó por cerca de cuatro horas, en un atardecer con viento, mala visibilidad y mar picado. Cuando logró tocar tierra, se desplomó exhausto, pero pudo dar la alarma y orientar a los rescatistas sobre lo que había ocurrido, lo que activó una operación de búsqueda por mar y aire.
La familia —la madre, Joanne Appelbee, y los dos hermanos menores, Beau (12) y Grace (8)— fue encontrada aferrada a una tabla inflable casi 14 kilómetros mar adentro, ya con el tiempo en contra por la caída de la noche.
La localización, de acuerdo con reportes, se produjo varias horas después del inicio del incidente, tras una combinación de recursos de emergencia, incluidos equipos de rescate marino. Los cuatro miembros de la familia fueron atendidos médicamente en el Busselton Health Campus, con lesiones y efectos asociados a la exposición, sin que se reportaran daños de gravedad que comprometieran su vida.
En Australia, el caso ha sido leído como una historia de resistencia física, pero también de toma de decisiones bajo presión.
Un experto en supervivencia citado por ABC News subrayó que la calma y la racionalidad en medio del pánico fueron determinantes, tanto para mantener unidos a los menores como para apostar por una acción que parecía imposible: que un niño de 13 años fuera capaz de llegar a la costa y pedir ayuda, decisión que le fue dada por su madre.
La Policía y líderes políticos estatales han reconocido públicamente el valor del adolescente, y medios internacionales han amplificado el relato, comparando el esfuerzo con una prueba extrema de resistencia que adultos nadadores ni se atreverían a experimentar en esas condiciones.
No por gusto lo llaman héroe. ¡Es un niño! ¡Nadó 4 kilómetros durante cuatro horas, con el mar picado! Según relató luego, dijo que mientras nadaba y ya se sentía exhausto sin fuerzas, comenzó a repetirse a sí mismo: tengo que seguir nadando, sabedor de que sí se detenía, moriría él y morirían también su madre y hermanos.
El menor actualmente se encuentra usando muletas para caminar, luego de su titánico esfuerzo.

















