Un fallo operativo en el manejo de equipajes en el Aeropuerto Internacional de Miami (MIA) terminó convirtiéndose en un día de maletas varadas, colas largas y pasajeros sin información clara, en un episodio que recordó uno similar ocurrido el 25 de enero.
Aunque el aeropuerto no describió el episodio como un “colapso” técnico total, sí recordó a otros antecedentes recientes en los que una avería o interrupción del sistema de equipajes en MIA —especialmente en áreas del South Terminal— provocó demoras masivas y acumulación de bultos. En 2023, por ejemplo, una interrupción del sistema que alimenta la entrega de maletas a aerolíneas en esa zona generó retrasos significativos hasta que se restableció el servicio, un precedente que vuelve a circular cada vez que se repite la escena de pasajeros esperando sin respuesta frente a las cintas.
Pero, ¿qué sucedió en esta ocasión?
Así lo resumía el periodista cubanoamericano Mario Vallejo.
Aunque las causas no han sido dichas, la explicación casi siempre es la misma: el sistema se traba con las llamadas maletas “bolas”, esas redondas o semiesféricas que suelen «usar» muchísimos latinoamericanos y especialmente los cubanos cuando viajan a sus países de orígenes.
Estas maletas, según una fuente autorizada y trabajadora en el aeropuerto de Madrid, Barajas, ruedan distinto, se traban con más facilidad en rampas, se van de lado en las bandas, sus etiquetas a menudo no son leídas por el scanner, y obligan a manipulación manual cuando el flujo está estresado. Debido a eso, en Barajas, y en otros muchos aeropuertos las han prohibido.
No existe, por ahora, ninguna prohibición oficial conocida en MIA, aunque a cada rato se discute que lo hagan, pero el episodio reavivó el runrún de siempre: si el sistema colapsa con facilidad cuando hay un incidente, ¿debería el aeropuerto o las aerolíneas limitar ciertos formatos de equipaje que complican el manejo, al menos en picos de operación?
Deberían… el problema es por qué las usan y la explicación es sencilla: Así evitan que les roben cuando lleguen a su país; pero de que en el MIA la gente no está contenta con este problema, no, no lo está.

















