TV Yumurí desde Matanzas alude a tormenta invernal en EE.UU. y dice hay un “caos eléctrico”

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La Televisión Cubana volvió a quedar atrapada en su propio espejo este fin de semana, cuando el canal provincial TV Yumurí, con sede en Matanzas, publicó una nota titulada “Muertes y caos eléctrico en Estados Unidos por tormenta invernal”. El texto, replicado en sus redes oficiales, informaba que una tormenta de nieve en el centro-este y noreste del país norteamericano había dejado al menos nueve fallecidos y más de un millón de hogares y empresas sin suministro eléctrico.

La noticia, en apariencia rutinaria dentro de la cobertura internacional de desastres naturales, generó una reacción inmediata en redes cubanas por una razón que va más allá del titular: el uso de la expresión “caos eléctrico” para describir un escenario externo, mientras en Cuba se vive una crisis energética crónica con apagones diarios, sin que ese término sea admitido por los propios medios estatales para referirse a la situación interna.

El contraste no pasó desapercibido. Usuarios comenzaron a compartir capturas del post, subrayando la ironía: en el mismo país donde se pide comprensión ante cortes prolongados, donde se invoca la paciencia histórica y se normaliza la escasez como parte de una “resistencia”, se califica como “caos” la pérdida temporal de electricidad provocada por un fenómeno meteorológico en otra nación.

La frase no solo activó burlas y comentarios críticos, sino que reavivó una discusión más profunda sobre el doble rasero del discurso oficial. Mientras en Cuba se evita hablar de “colapso”, “crisis” o “caos” para describir el sistema eléctrico nacional —optando por eufemismos técnicos o llamados a la serenidad—, ese mismo lenguaje aparece sin reparos cuando el foco está puesto en Estados Unidos.

La publicación de TV Yumurí se produce, además, en un contexto particularmente sensible. En los últimos meses, la población cubana ha reportado apagones que superan las 20, 30 y hasta 40 horas continuas en algunas zonas, con impactos directos en la conservación de alimentos, el acceso al agua, la atención médica y la vida cotidiana. Esa experiencia, vivida de manera constante, choca con la narrativa que reserva el término “caos” para describir realidades ajenas.

Esto, por supuesto, no iba a pasar desapercibido para los cubanos en las redes. En pocas horas, el post se convirtió en un muro de descargas donde decenas de cubanos, muchos desde Matanzas y otros desde distintas provincias, confrontaron el contraste entre el lenguaje utilizado para describir una contingencia en Estados Unidos y el silencio o la minimización sistemática de la crisis eléctrica nacional.

Yaiset Rodríguez Fernández preguntó con ironía si “hay una tormenta invernal afectando ahora a toda Cuba”, en alusión directa a los apagones. Adalixis Almaguer fue más explícita: “Al menos en EE. UU. está pasando una tormenta de nieve. En Cuba tampoco hay suministro eléctrico por la tormenta dictatorial”. Para otros, el problema no era la noticia en sí, sino el mensaje implícito: Yuniel Meneses señaló que el contenido era “totalmente irrelevante” para quienes viven en Cuba, y acusó a la prensa de priorizar lo externo para “justificar los de aquí”.

Desde dentro y fuera del país, también surgieron comparaciones estructurales. Cuba-Libre, residente en Pennsylvania, explicó que en los estados del norte de EE. UU. existe una infraestructura preparada para inviernos extremos —quitanieves, refugios, sistemas de emergencia— y que las fallas en zonas no acostumbradas a la nieve no equivalen a un “caos general”. “La preparación marca la diferencia”, escribió, y pidió a los medios cubanos “dedicarse a su país”.

En Matanzas, el tono fue más áspero. Lili Díaz recordó que Colón llevaba más de 40 horas sin luz, sin agua y sin comida. Misleydis Martínez cuestionó por qué un canal provincial hablaba de otros países en lugar de “defender la provincia que tanto lo necesita”. Nela Ojeda resumió una idea que se repitió decenas de veces: “Caos es el Matanzas que nos están matando sin luz. Ese sí es caos”.

Otros comentarios convirtieron la frase en símbolo de un doble estándar. Norma Rodríguez citó el refrán sobre “ver la paja en el ojo ajeno”, mientras Humberto Luis León Bello calificó la publicación de “cínica” al hablar de caos fuera cuando en la propia provincia hay apagones de más de 48 horas. Manuel Marrero habló de “tormentas” más profundas: hambre, insalubridad, enfermedades, desesperanza.

A medida que avanzaba el hilo, la indignación tomó un tono casi coral. “Aquí no hubo tormenta pero sí hay muchos apagones”, escribió Yosvani Campos. “¿Cuándo nevó aquí?”, preguntó María de Lourdes Pérez. “La tormenta empezó el 1 de enero de 1959”, respondió otra usuaria, enlazando el problema eléctrico con una lectura histórica del poder. Para muchos, el uso del término “caos” fue la grieta: un reconocimiento tácito de lo que no se admite cuando el escenario es Cuba.

Entre sarcasmos, reproches y llamados a la ética, se impuso una sensación común: la desconexión entre el relato oficial y la vida cotidiana. “Respetense como periodistas”, escribió Lesly Martín. “La última que se puede perder es la dignidad”, añadió Lilia Dueñas. En ese coro disperso, la palabra “caos” dejó de describir una tormenta lejana y pasó a nombrar, por contraste, una realidad que ya no cabe en eufemismos.

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