En las primeras semanas de 2026, varios ciudadanos cubanos han sido incorporados a esta lista pública con la que ICE busca visibilizar a inmigrantes arrestados con antecedentes penales graves, en un contexto de endurecimiento migratorio y de discurso de “mano dura” impulsado desde Washington. Una lista que lleva por nombre “Worst of the Worst”, – lo peor de lo peor – y en la que hoy aparece el nombre de otro cubano: Francisco Jorge Salgado, detenido en Minneapolis y exhibido por el Departamento de Seguridad Nacional (DHS) en su portal.
El caso de Jorge Salgado fue presentado por ICE como ejemplo de lo que denomina “criminales extranjeros peligrosos”. En la ficha oficial se le atribuyen condenas por venta de anfetaminas, violencia doméstica, posesión de drogas peligrosas, cocaína, armas, violación de libertad condicional y agresión. Más allá del listado de delitos y del lugar de arresto, la plataforma no precisa fecha exacta de detención, situación migratoria actual ni si enfrenta cargos nuevos, un patrón que se repite en otros perfiles publicados bajo esta etiqueta.
La denominación “lo peor de lo peor” no es solo descriptiva, sino política. El propio DHS ha explicado que el portal funciona como herramienta de comunicación para justificar redadas, detenciones y deportaciones, priorizando casos con historial criminal, aunque a no dudarlo trae aparejado una carga de estigma y fuerte sobre cada nacionalidad mencionada. En ese marco, los cubanos han vuelto a aparecer con frecuencia en los comunicados oficiales de enero.

Uno de ellos es Ronal Garbey-Jorin, de 27 años, arrestado en Houston durante una operación nacional realizada entre el 16 y el 18 de enero. ICE lo presentó como inmigrante indocumentado con condena previa por agresión a un familiar. Su detención fue anunciada junto a la de decenas de inmigrantes de distintas nacionalidades, en una redada defendida por la subsecretaria de Seguridad Nacional, Tricia McLaughlin, como parte del objetivo de “hacer que Estados Unidos vuelva a ser seguro”.
A ese grupo se suma Raúl Maceda Domínguez, un cubano vinculado a la pandilla Bloods y condenado por múltiples homicidios, cuya deportación fue anunciada el 6 de enero. Maceda había sido arrestado por ICE en octubre de 2025 y presentado públicamente como parte del balance de 7,000 pandilleros detenidos en el primer año del segundo mandato de Donald Trump. Aunque el DHS no precisó el país de destino, el caso volvió a colocar sobre la mesa la práctica de enviar a ciudadanos cubanos a terceros países o a la Base Naval de Guantánamo, ante la negativa del gobierno de La Habana a recibir a determinados deportados.
En Florida, ICE informó además la captura de Nelson Vladimir González del Pino Rodríguez, Camilo Argüelles Mendoza, Yuri Estévez e Iván Hernández Montes, todos con antecedentes que incluyen homicidios, agresiones agravadas y delitos violentos. Las autoridades detallaron largas condenas previas y subrayaron que permanecerán bajo custodia hasta su expulsión del país.
Más allá de los nombres, y si están o no en el listado de «lo peor de lo peor», el patrón es claro. ICE no solo arresta y deporta: exhibe. La publicación sistemática de fotos, fichas y listados responde a una estrategia de disuasión y de legitimación política, en la que cada caso funciona como argumento a favor de las deportaciones masivas y del refuerzo del aparato de control migratorio.
Para la comunidad cubana, esto implica un doble impacto: por un lado, la estigmatización colectiva que suele acompañar estos anuncios; por otro, la confirmación de que los cubanos con historial criminal están siendo colocados en primera línea del discurso de seguridad nacional.


















