El año apenas había echado a andar cuando Santiago de Cuba amaneció con una muerte que resume lo peor de una violencia anunciada. En la madrugada del 1 de enero, Yuleidis Sánchez Rodríguez, 43 años, madre de tres hijos —dos niñas y un varón de 14—, fue asesinada por un hombre con el que había tenido una relación y del que ya estaba separada. El caso circuló primero por reportes ciudadanos y publicaciones en redes, en un país donde la confirmación oficial suele llegar tarde o no llega.
La agresión ocurrió en la carretera turística del reparto Altamira, en las cercanías del antiguo motel La Turbina, conocido hoy como Bella Vista. De acuerdo con la información divulgada por el comunicador Yosmany Mayeta Labrada, primero en un post y luego en otro post publicados en Facebook, Yuleidis salió de su casa de madrugada para llevar comida a familiares y, en ese trayecto, su expareja la habría estado esperando. La atacó con arma blanca y la dejó sin vida en el lugar.
El presunto agresor fue identificado como Neudis Callis Cureaux, también de 43 años, y se encontraba prófugo tras el crimen, según los reportes.
En el relato difundido públicamente, se insiste en que no se trató de una explosión repentina: la mujer habría recibido amenazas previas luego de romper la relación, y el entorno ya lo señalaba como una persona violenta. En los comentarios a esas publicaciones, incluso aparecieron testimonios de otras mujeres que dicen haber sido amenazadas por él en ocasiones anteriores y que, tras detenciones, habría sido liberado. Es decir: otra vez el Estado cubano falla en proteger a las mujeres víctimas de violencia de género. ¿Hasta cuándo?
Hasta ese momento, el caso no figura aún en el subregistro que realizan plataformas independientes como el Observatorio de Género de Alas Tensas y Yo Sí Te Creo Cuba, que llevan un conteo ante el silencio institucional. Ese contraste —la denuncia ciudadana frente a la falta de información pública— se ha vuelto parte del patrón. Al cierre de 2025, esas organizaciones y recuentos periodísticos asociados situaban la cifra de feminicidios verificados en un rango que, según la fuente consultada, oscilaba entre 43 y 45.
La muerte de Yuleidis deja a tres hijos huérfanos y a una ciudad golpeada cuando el año apenas comenzaba. Deja también una señal inquietante: el inicio de 2026 repite el patrón de 2025, cuando otra celebración de Año Nuevo terminó marcada por un asesinato que ensombreció, desde el primer día, el calendario.
También deja una pregunta incómoda, repetida en cada caso: cuántas señales más hacen falta para que las amenazas no terminen convertidas en un parte de defunción.

















