La historia oficial de Rosalía suele empezar en los grandes festivales, los premios internacionales y las listas globales de reproducción. Pero el camino hasta ahí estuvo marcado por un “no” televisivo, muchas horas de calle y una predicción de tarot que hoy suena casi inverosímil.
En 2008, con apenas 15 años y estudiante de secundaria, Rosalía se presentó al programa de talentos “Tú sí que vales”, en Telecinco. Subió al escenario con su guitarra y versionó temas pop y baladas, pero el jurado, en el que estaban Àngel Llàcer y Noemí Galera, fue duro: le señalaron que desafinaba y que aún no sabía explotar su potencial.
No pasó de ronda. El archivo del programa y las crónicas posteriores coinciden en el veredicto: aquel intento quedó en nada, y la joven catalana se marchó sin el pase a la siguiente fase.
Lejos de frenar su carrera, el tropiezo fue un punto de inflexión. Rosalía se volcó en la formación: cursó estudios de larga duración en el Taller de Músics y en la Escola Superior de Música de Catalunya, al tiempo que se fogueaba como cantante en bodas, bares y pequeños escenarios, cobrando poco dinero o, a veces, solo la cena.
Esa etapa la conectó con la escena underground barcelonesa y con músicos que, años después, también despuntarían.
La necesidad de cantar y ser escuchada la llevó literalmente a la calle. Vídeos recuperados en los últimos años muestran a una Rosalía desconocida en el Raval de Barcelona, cantando con otros músicos mientras los transeúntes dejan monedas o algún billete en la funda de la guitarra.
En esas imágenes no hay focos ni coreografías industriales: solo voz, palmas y un círculo de curiosos que se detienen un rato antes de seguir su camino. Era, además, una forma de ganarse un sueldo mínimo mientras buscaba oportunidades en tablaos y salas pequeñas.
El giro casi novelesco llegó en 2012, cuando Rosalía, aún lejos de la fama, apareció en el programa catalán “Toni Rovira y tú”.
Allí, un tarotista le echó las cartas en directo. Sin demasiados datos sobre quién era esa joven invitada, el vidente habló de “una futura gran estrella” y situó el despegue en pocos años: aseguró que en un plazo corto su vida profesional cambiaría por completo. En la hemeroteca se escucha al adivino hablar de un “diamante en bruto” que debía ser impulsado antes de que las discográficas se la disputaran. En ese momento, el comentario provocó sonrisas escépticas; más de una década después, se lee como un spoiler perfecto.
Cuatro años más tarde, Rosalía publicaría “Los Ángeles”, su primer álbum, y en 2018 explotaría mundialmente con “El mal querer”. A partir de ahí llegarían giras internacionales, colaboraciones con artistas de primera línea y una reinvención constante de su sonido, hasta discos recientes como “Motomami” y “Lux”, que consolidan su lugar en la primera fila del pop global, se puede leer en Wikipedia.
Visto en perspectiva, la trayectoria de Rosalía se sostiene sobre tres escenas que hoy circulan una y otra vez en redes: la adolescente descartada en un talent show, la joven que canta en las calles de Barcelona para sobrevivir y la veinteañera que escucha incrédula a un tarotista anunciarle que será una estrella. El resto es trabajo, estudio y riesgo artístico. Pero para quien quiera leer señales, su éxito, efectivamente, ya estaba escrito en las cartas.
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