Cubano al que le quemaron su barbería en Hialeah, la logra reabrir un año después

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Jariel Esquivel volvió a encender las luces en la misma esquina donde, en la madrugada del 22 de marzo de 2024, dos hombres rompieron los cristales y lanzaron artefactos incendiarios dentro de su negocio. El local —ahora renovado y rebautizado como 49 Street Barbershop— abrió de nuevo esta semana en 60 W 49th St, Hialeah, tras meses de obras y una larga pulseada con el seguro.

“Volvimos a empezar”, dijo el propietario a Telemundo Miami (51) al confirmar la reapertura y mostrar el salón reconstruido.

Así lo anunciaba él en su cuenta de Instagram.

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Muchos recordarán la noticia «aquella», cuando el ataque quedó grabado en video de vigilancia y, en cuestión de minutos, el fuego arrasó con sillas, televisores y herramientas, reduciendo a cenizas los sueños de un inmigrante trabajador que llegó a los Estados Unidos a echar hacia delante con su esfuerzo y el sudor de su mente, y no «tarjeteando» y robando como muchísimos otros.

Aquella mañana, los bomberos y la policía de Hialeah respondieron a las 3:30–3:40 a. m. por un incendio premeditado en el centro comercial de la 49, con testigos que señalaron a dos sospechosos que habían lanzado lo que describieron como “cocteles molotov”. Los reportes iniciales de los medios locales ubicaron el origen del fuego en West 1st Avenue y 49th Street y documentaron la devastación del interior.

La investigación avanzó con rapidez. Días después, la policía arrestó a Miguel Reyes Jr., quien compareció ante un juez por cargos de allanamiento, incendio en primer grado y posesión de un dispositivo destructivo.

En paralelo, las autoridades identificaron a un segundo implicado, Alberto González, y difundieron su búsqueda pública; más tarde, canales locales y cadenas hispanas informaron que también fue detenido en relación con el caso. Los partes no precisaron móvil y, en audiencia, la magistratura leyó cargos que incluyen incendio en primer grado y “bomb/destructive device”, mientras se pedía colaboración ciudadana.

Entre tanto, Esquivel negó que existiera una “guerra de barberos” detrás del atentado y se concentró en salvar el negocio. El dueño relató que llevaba poco tiempo abierto cuando ocurrió el incendio y que, desde entonces, se sostuvo gracias a la clientela y a vecinos que lo ayudaron con donaciones y trabajo voluntario. En entrevistas a medios locales, insistió en que lo que siguió fue una carrera de obstáculos: peritajes, trámites con el seguro y permisos de reconstrucción hasta poder levantar paredes, pisos y estaciones de corte nuevas.

La reapertura llega con nombre y estética renovados, pero en el mismo punto del mapa, una decisión que el propietario explica como gesto hacia la comunidad que lo sostuvo. En redes, la barbería convocó a los clientes a regresar “al mismo lugar que fue incendiado”, con horarios extendidos por inauguración y promociones para recuperar el ritmo perdido.

“Del fuego a la grandeza”, escribió el barbero en un video donde se ven los puestos brillantes y las máquinas otra vez en marcha.

El caso penal sigue su curso en Miami-Dade, mientras la barbería vuelve a la rutina de cortes y afeitados. La historia de Esquivel, de un local reducido a cenizas a una reapertura un año después, deja huella en una ciudad donde los pequeños negocios suelen ser los primeros en resentir la violencia y los últimos en recibir una indemnización completa. Por ahora, el sonido de las tijeras en la 49 es la mejor prueba de que el capítulo del incendio quedó atrás y que, con obra terminada y clientela fiel, la silla del barbero volvió a estar ocupada.

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