El Cuban Cowboy dice adiós en The Voice: del TikTok de barrio a la vitrina nacional

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La televisión convierte a los músicos en historias que caminan, y la de Elias Gómez lleva sombrero, acento cubano y un apodo que pega: el Cuban Cowboy.

A los 29 años, este joven nacido en La Habana y establecido en la fría y norteña región de Cincinnati, se subió a la competencia de NBC con una carta de presentación que resonó en el casting: una versión de Lonely Teardrops, del siempre exigente Jackie Wilson.

Por si Ud. no vio ese momento de su presentación primera… aquí se los dejo.

Esa voz fue suficiente para que los productores, que lo habían visto antes en TikTok, le dieran el espacio que persiguen miles de aspirantes cada temporada.

El resto se definió en el ring de las batallas, donde cayó frente a otro concursante del equipo de Michael Bublé, señala WLWT.

Por si no lo vio… aquí se los dejo.

La derrota, sin embargo, no suena a final. En declaraciones tras el programa, el «Cuban Cowboy» agradeció a quienes lo han seguido en bares, escenarios pequeños y redes sociales, y confesó que la exposición le dio confianza para sostener una carrera propia. Queda una comunidad atenta a sus próximos pasos y un circuito local que ya lo reclama con frecuencia: fines de semana, algunas noches entre semana, y un público que ahora tiene un nombre fácil de buscar en plataformas. Para un artista independiente, ese es el premio menos glamuroso pero más valioso: audiencia real, con rostros y rutina.

El arco de su paso por The Voice confirma algo que el éxito en redes adelanta y la televisión valida: no siempre triunfa quien gana, pero casi siempre despega quien aprovecha la vitrina. Que un cazatalentos lo haya descubierto tocando en TikTok habla de la nueva ruta de visibilidad para músicos migrantes que aún trabajan a pulmón. En ciudades intermedias del Midwest, ese circuito se sostiene con conciertos en restaurantes, ferias y festivales donde los covers conviven con canciones propias. Si el Cuban Cowboy convierte la simpatía televisiva en boletos vendidos, ya habrá ganado el siguiente round, ese que no se graba y se mide en cajas registradoras.

También es un relato del viaje: un joven que dejó Cuba, echó raíces en Ohio y tradujo su nostalgia en escenario. Las cámaras seguirán a otros; él, mientras tanto, tiene algo que no se fabrica en un set: kilómetros de escenario por delante, un público que ahora conoce su nombre completo y un apodo que funciona como marca. En la era de los quince segundos virales, salir de la batalla con más música en agenda es una victoria menos ruidosa, pero más cierta.

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