El chavismo y un sector de la oposición venezolana, representado por la Asamblea Nacional electa en 2015, cerraron el 12 de agosto el primer ciclo de un diálogo político tutelado por Estados Unidos. El acuerdo contempla la renovación completa del Tribunal Supremo de Justicia hacia noviembre, la del Consejo Nacional Electoral en diciembre, y gestiones conjuntas para recuperar activos de reserva internacional —incluido oro venezolano— retenidos en el Banco de Inglaterra, con el fin declarado de financiar la reconstrucción tras el terremoto de magnitud 7.2 y 7.5 que sacudió el centro-norte del país el 24 de junio y dejó más de 920 muertos y decenas de miles de desaparecidos. La Plataforma Unitaria Democrática, liderada por María Corina Machado, quedó fuera del proceso, y sectores del propio chavismo han denunciado la negociación como una forma de "tutelaje" extranjero.
La reacción contra Mike Hammer no busca “proteger la soberanía” sino controlar la escena: impedir que conversaciones normales se vuelvan evidencia pública.
El discurso de ambos es una radiografía del agotamiento dentro del exilio cubano: cansancio por la desconfianza, por el narcisismo y por la manipulación de causas legítimas. En sus palabras resuena una advertencia común: si el debate opositor se convierte en un campo de insultos, el régimen no necesitará infiltrar nada; bastará con dejar que los “valientes de Facebook” sigan haciendo el trabajo por él.