El hecho ocurrió pocas horas después de que el gobierno ecuatoriano declaró “persona non grata” a todos los integrantes del personal diplomático, consular y administrativo acreditado en el país sudamericano.
El choque entre Bruno Rodríguez y Carlos Giménez refleja una guerra de relatos alrededor de Cuba, mientras Trump mantiene una puerta entreabierta a negociar si hay alineación política.
El embajador cubano en Colombia, Carlos de Céspedes, acusó a EE.UU. de “piratería” tras reportes de un posible bloqueo naval para frenar petróleo a Cuba.
Mientras Mike Hammer evita adelantar anuncios y presiona para que la ayuda llegue al pueblo, Ignacio Giménez difunde un supuesto “plan de Trump” sin pruebas, reavivando el debate sobre rumores y manipulación.
La detención del exfuncionario en julio pasado, y su posterior desaparición del sistema de ICE mientras otros cubanos permanecen meses o años bajo custodia, incluso con condiciones médicas graves, levantan sospechas sobre un posible trato diferenciado. Hasta que ICE o el Departamento de Seguridad Nacional expliquen si fue liberado, deportado o trasladado, la pregunta seguirá en el aire: ¿qué pasó exactamente con el amigo del Cangrejo al que hoy ya no se puede localizar en los registros públicos de detención?
En el día después de Melissa, el canciller eligió la trinchera de siempre: agradecer al aliado, denunciar al adversario y convertir la emergencia en un nuevo capítulo del relato. De cara a las próximas semanas, la realidad —la que no entiende de consignas— medirá la eficacia de esa apuesta.
Mientras Moscú calla y La Habana niega, los videos de prisioneros cubanos en el frente y los testimonios de familias que no saben dónde están sus hijos dibujan una historia difícil de desmentir: la de una diáspora empujada por la miseria y atrapada en una guerra ajena.