La violencia con armas de fuego en Estados Unidos sigue dejando capítulos de horror en la historia estadounidense. El tiroteo ocurrido este miércoles en...
Las muertes de Ray Reyes Brizuela e Isael Pérez no son hechos aislados, sino parte de un patrón más amplio de siniestralidad en Cuba, donde cada semana se reportan víctimas fatales en la vía. La diferencia es que, en la ausencia de una prensa oficial ágil en cubrir estos temas, son las redes sociales —los muros de Facebook, los reels compartidos, las páginas independientes— las que se convierten en obituario colectivo y también en fuente de información. Desde allí, las familias y amistades lloran a sus muchachos, repiten una y otra vez la sigla EPD y, al mismo tiempo, dejan constancia de lo que pasó.
La entrega de autos a tabacaleros, más que un simple reconocimiento, se convirtió en un espejo incómodo de la realidad cubana: un país donde producir riqueza no garantiza derechos plenos, y donde el acceso a un automóvil puede ser noticia nacional, siempre y cuando esté mediado por el visto bueno del poder.
Con una víctima joven y varios heridos graves, La Habana se encuentra ahora frente a un hecho que no solo deja dolor en las familias afectadas, sino también una sensación de desconcierto y miedo en barrios acostumbrados a madrugadas bulliciosas pero no a escenas de este tipo.
La cubana Vivian Limonta, deportada en agosto de 2024 tras una cita rutinaria con inmigración en Miramar, pudo abrazar nuevamente a su hijo de apenas tres años, quien viajó a la isla para verla. Las imágenes difundidas muestran la emoción contenida de una madre que, desde su regreso forzado a Cuba, ha vivido entre la nostalgia y la incertidumbre.