Desde el «derechoso» hasta el «izquierdoso» pero sí: Cuba está en boca de todos. Y sobre todo en Estados Unidos. Y en México.
Quizás como nunca antes, a no ser en los días de gloria de la era Obama, o para ir más atrás en el tiempo, en los días posteriores al 1ro de Enero de 1959, la mayor de las Antillas no había sido objeto de tanto interés noticioso. Todos hablan sobre ella. La izquierda y la derecha. De un lado mienten o manipulan, pero todos tratan de imponer su discurso; exponer sus experiencias. Dar su opinión. La mayoría de ellos, nunca ha vivido en la isla o han vivido poco. Otros tantos, siempre siguiendo su ideología y línea editorial, dicen estar en contacto con cubanos que le cuentan Cuba; y en sentido general, mal que nos pese a nosotros, todos tratan de contarle «cómo es Cuba» no solo al mundo, sino a los mismos cubanos.
Algunos se salvan, como la periodista Pilar Rahola, quien sostiene en su columna escrita para Infobae, al hablar sobre la ya famosa flotilla solidaria internacional, que la visita de figuras como Pablo Iglesias y Jeremy Corbyn a un hotel de lujo en La Habana refleja una contradicción profunda dentro de cierta izquierda internacional. Según ella, estos dirigentes se alojaron en instalaciones controladas por el aparato militar cubano, con todas las comodidades, mientras el país atraviesa una crisis marcada por carencias básicas.
Rahola describe a Cuba como un “parque temático ideológico” sostenido por una “izquierda caviar” que, a su juicio, prioriza el relato político sobre la realidad de los ciudadanos. Argumenta que este sector político defiende causas abstractas de justicia social, pero al mismo tiempo mantiene afinidad con regímenes autoritarios como el cubano, el venezolano o el iraní. En ese sentido, cuestiona que se respalde a gobiernos que restringen libertades mientras se proclaman valores progresistas.
La autora también critica lo que considera un doble rasero: una defensa selectiva de derechos humanos y un silencio ante violaciones en países afines ideológicamente. Según Rahola, esta postura responde a una visión que privilegia el control estatal sobre la libertad individual y desconfía de las democracias liberales.
En su conclusión, plantea que estos gestos simbólicos no buscan transformar la realidad cubana, sino perpetuar un modelo que, desde su perspectiva, limita el desarrollo y las libertades del país.
En Redacción Nexos, el analista Hugo Garciamarín sostiene que la reciente visita de dirigentes e influencers de izquierda a Cuba, encabezados por Pablo Iglesias, expone una desconexión entre el discurso político y la realidad del país. En su texto, describe cómo la visita fue presentada como un acto de compromiso, aunque se desarrolló en condiciones privilegiadas —hoteles de lujo y servicios garantizados— en contraste con la crisis cotidiana que vive la población cubana.
Garciamarín contrapone esa narrativa con testimonios como el del escritor Rodolfo Alpízar, quien retrata una isla marcada por el deterioro material y la desesperanza social. Según el autor, esta diferencia evidencia una izquierda que defiende simbólicamente al régimen mientras ignora las condiciones reales de vida en Cuba.
El politólogo también cuestiona el argumento recurrente de atribuir todos los problemas al embargo externo, señalando que esa postura exime al gobierno de responsabilidades internas como la gestión económica, la represión o la falta de reformas. A su juicio, esta lógica impide cualquier debate sobre cambios estructurales.
Finalmente, plantea que existe una tensión dentro de las propias izquierdas: entre quienes abogan por igualdad con libertades efectivas y quienes priorizan la fidelidad ideológica incluso ante evidencias de crisis. En ese contexto, concluye que ciertos sectores permanecen anclados en narrativas del pasado, sin responder a las demandas actuales de la sociedad cubana.
En una columna publicada en El Heraldo de México, el escritor Julio Patán utiliza un tono marcadamente sarcástico para comentar los viajes de delegaciones de izquierda a Cuba en apoyo al gobierno de Miguel Díaz-Canel. A través de una narración en primera persona cargada de ironía, el autor finge desear ser invitado a una de estas visitas, describiendo con entusiasmo exagerado los preparativos y actividades.
El texto construye una parodia de ese tipo de viajes: desde la llegada en vuelos cómodos hasta la estancia en hoteles con todas las garantías, pasando por recorridos organizados, encuentros oficiales y gestos simbólicos de solidaridad. Patán exagera deliberadamente elementos como las fotos, los discursos antiimperialistas y la convivencia con figuras políticas, lo que refuerza el carácter crítico del artículo.
La mención reiterada a escenarios controlados, visitas institucionales y experiencias cuidadosamente encuadradas apunta a cuestionar la autenticidad de ese tipo de respaldo internacional. El autor también ironiza sobre la construcción de relatos épicos y “contrahegemónicos” a partir de experiencias que, según su planteamiento, están lejos de reflejar la vida cotidiana de la población cubana.
En conjunto, la columna emplea el sarcasmo como recurso central para señalar lo que considera una desconexión entre la narrativa política de solidaridad y las condiciones reales del país, sugiriendo que estas visitas responden más a una puesta en escena que a un compromiso efectivo con la situación en la isla.
Por su parte, el periodista Raymundo Riva Palacio, sostiene en su columna publicada en El Financiero, que detrás del apoyo reciente de México a Cuba podría estarse gestando una “traición” desde sectores duros del régimen cubano. Su argumento central parte del contexto del convoy internacional de ayuda —con alimentos y medicinas— que llegó a La Habana, pero lo reinterpreta como parte de una estrategia política más amplia y controvertida.
Riva Palacio afirma que, según fuentes citadas en su texto, el gobierno cubano estaría buscando influir en México de forma indirecta, incluso mediante vínculos con el crimen organizado. En particular, plantea la acusación de que la isla podría estar ofreciendo armas a cárteles mexicanos como parte de una estrategia para tensar la relación con Estados Unidos y generar inestabilidad regional.
El columnista interpreta este supuesto movimiento como una traición tanto a la presidenta mexicana, Claudia Sheinbaum —quien, según él, ha apoyado a Cuba pese a los costos diplomáticos— como al propio país, al que describe como históricamente solidario con la isla.
El texto adopta un tono directo y acusatorio, apoyado en fuentes no reveladas, lo que ha generado controversia. De hecho, la propia Sheinbaum cuestionó públicamente la veracidad de esas afirmaciones, calificándolas como infundadas.
En conjunto, la columna presenta una lectura geopolítica crítica, basada en hipótesis sensibles y de alto impacto, que han sido objeto de fuerte debate político en México.





















