En Miami, el podcaster cubano que se presenta como Eroski enseñó ante las cámaras un tatuaje enorme de Donald Trump en el pecho: un gesto de admiración que le tomó tres sesiones de cuatro horas cada una. La imagen, llamativa y casi desafiante, se vuelve ahora una contradicción incómoda. Eroski dice que es fan del presidente, pero que su entusiasmo se le ha agriado mientras se intensifican las redadas y detenciones de inmigración en Estados Unidos. Él mismo, como muchos cubanos llegados por la frontera sur, vive con la sensación de que su caso puede terminar en deportación.
El problema no es el tatuaje, ni la postura política. El problema es un papel. En su caso, como en el de decenas de miles de cubanos, el documento clave es el I-220A, conocido como Order of Release on Recognizance: un formulario que ICE entrega cuando libera a alguien de custodia bajo ciertas condiciones, incluyendo presentarse a corte y cumplir reglas específicas. No es un parole. Y esa diferencia, que suena técnica, es la que ha empujado a muchos a un limbo legal en el que se trabaja, se paga renta, se hacen vidas, pero no se logra abrir la puerta de la regularización.
El abogado Mark Prada, entrevistado en el reportaje, sostiene que el gobierno no reconoce el I-220A como una entrada legal y por eso estos cubanos no pueden acogerse a la Ley de Ajuste Cubano, que normalmente permite solicitar residencia tras un año y un día cuando hay una admisión o un parole válido. Prada litiga para que se reconozca que, en la práctica, esas liberaciones deberían considerarse parole, o que se corrija el estatus de quienes quedaron atrapados en ese mecanismo.
Eroski llegó en 2019 creyendo que, para cuando tuviera su vida encaminada, el sistema —y especialmente Trump— empujaría a favor de los cubanos que escaparon de la isla. Dice que se siente decepcionado, pero no se arrepiente del tatuaje. En su relato aparece la misma mezcla que se repite en muchos I-220A: fe política, cansancio y una esperanza sostenida por rumores de decisiones judiciales “en las próximas semanas” que podrían cambiarlo todo para miles en Florida.
Mientras tanto, el miedo es sencillo y cotidiano: que un día el papel deje de ser un trámite y se convierta en boleto de regreso a Cuba, señala Local 10 News.

















