Paquetes de Amazon: una tentación para el mal llamado Hombre Nuevo

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Hay una frase que los exiliados cubanos en el exilio han usado como guiño ácido para hablar de la emigración proveniente de la isla post 59, y su relación con el delito en el sur de Florida: el “Hombre Nuevo” que iba a salir de la fábrica moral de la Revolución y terminó entrando por la puerta giratoria de una corte. Cada vez que un cubano en los EE.UU. sale en las noticias relacionado con algún delito, robos, peleas de gallos, tráfico, proxenetismo, prostitución y consumo de drogas como la marihuana, la sorna con el que algunos se refieren a ellos sale a flote en el mismo mecanismo de propaganda: la promesa de un sujeto “reformado” por el sistema que, al pisar tierras del capitalismo, se volvió un delincuente.

En los últimos años, no pocos de esos «hombres nuevos», han sido noticia con «uniforme y hoja de ruta». Es una metáfora y se exagera, cierto, pero en la práctica, no hace falta inventar nada: lo que hay es una secuencia de arrestos, en distintos años, donde aparecen cubanos vinculados a entregas de Amazon o Amazon Flex acusados de robar paquetes, marcar entregas como realizadas y revender luego lo sustraído.

En esta saga, los nombres no se mezclan, pues una vez que son detectados son expulsados y muy probablemente no podrán volver a trabajar entregando paquetes en su vida; pero cada caso trae su propio relato policial, sus montos, sus artículos, su estación de entrega y su cargo. Y, sobre todo, una coincidencia incómoda para cualquiera que todavía hable de “conciencia”: el tipo de oportunidad, repetida, que solo existe cuando alguien te confía la mercancía y el sistema te confía el registro.

En 2023, por ejemplo, el expediente de Lázaro Roberto López-Sarduy salió a la luz por los medios en Miami. Fue descrito como chofer de Amazon Flex en Hialeah, arrestado junto a su esposa Margareth Ginjaume-Hernández y a Sulema Betancourt Hernández. La versión que circuló en estos medios habla de robos de paquetes en el noroeste de Miami-Dade y de un detalle que pesa simbólicamente: el uso de chalecos de Amazon para acercarse a viviendas sin levantar sospechas, como si el uniforme fuera un salvoconducto. En esa cobertura también se menciona el intento de escapar en un scooter y la imputación por hurto mayor y otros cargos.

Dos años después, en mayo de 2025, aparecía Adrián Barrera, 32 años, y el relato cambió de escala. No fueron veinte paquetes ni un par de artículos sueltos, sino de mercancía valorada en torno a 45.000 dólares, Este repartidor de Amazon, se deshacía de los paquetes y se quedaba con el contenido.

En diciembre de 2025, Diego Alejandro Santana-Caner, 25 años, fue arrestado en Sweetwater por lo mismo. Según los medios, este cubano aprovechó la temporada navideña para cometer varios robos durante semanas de alto volumen de entrega. Entre los artículos robados había varios equipos electrónicos.

Ahora, en febrero de 2026, aparece el nombre de Andy Manuel García Machado, 29 años, arrestado en un almacén de Amazon en el suroeste de Miami-Dade, con una cifra que parece menor frente a los 45.000 pero que, por lo específico, se siente más real: 1.757 dólares en artículos reportados como “perdidos” o “entregados” y que, según la versión citada por la prensa, terminaron en su casa para venta privada, desde una consola PlayStation hasta un panel solar, un purificador de aire o incluso unos chocolates Snickers.

Si uno junta estos expedientes, el chiste triste se escribe solo, repitiéndose siempre la misma grieta: Amazon no es “la causa” de nada, pero «el Hombre Nuevo” no se resiste a la tentación y cree que las cosas en EE.UU. son como eran en Cuba. Que no hay cámaras que los graben, ni registros telefónicos que no se consulten. Incluso creen que, como el paquete está asegurado, «si se pierde», Amazon lo repone y ya. Incluso saben que hay «un seguro» para cubrir todo eso; y que mientras no se levante sospecha (digamos no robar todos los días, sino robar una vez al año y algo que se sepa es de valor, como una computadora) no pasa nada. Repartidores ha habido que han dicho que «alguien se subió al camión mientras ellos hacían una entrega», hasta quien lo ha puesto en la puerta, le ha tirado la foto de constancia como entregado, y se lo ha vuelto a llevar.

Pero… no todos son choferes

En Miami-Dade, el robo de paquetería se ha convertido en un delito tan cotidiano que ya no depende de una sola modalidad, y sin embargo, el condado es de los que menos delitos de este tipo reporta a nivel nacional.

En enero de 2026, por ejemplo, se reportó el arresto de Thalía Fernández, de 24 años, identificada como cubana, acusada de llevarse paquetes del porche de una vivienda en Hialeah mientras el propietario estaba dentro de la casa.

En ese mismo terreno aparece el caso de una pareja de cubanos, Leydis Vega y Dariel Massip, reportados como arrestados por una serie de robos de paquetes en South Miami, con la difusión de un video de vigilancia como detonante del interés público.

Con ese panorama, el título deja de ser un chiste y funciona como diagnóstico. Los nombres cambian, las ciudades dentro de Miami-Dade se repiten —Hialeah, Sweetwater, South Miami— pero a cada rato sale un cubano robándose un paquete de Amazon. A veces, es uno que pasó y lo vio en la puerta. Otras veces, las menos, por suerte, fue el propio repartidor el que decidió agarrarlo y llevárselo como si fuese suyo.

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