La noticia del indulto masivo, amparado en el artículo 90 de la Constitución, llegó con una advertencia implícita: quedan fuera todos aquellos procesados por «delitos contra la autoridad». Esta categoría jurídica es, precisamente, el saco donde el sistema ha volcado la mayoría de los expedientes de los manifestantes del 11 de julio de 2021 y de los críticos frontales del modelo actual, bajo cargos de sedición o desacato.
Ante este escenario, Toirac expresó su escepticismo sobre la profundidad del cambio. «La coletilla de exceptuar ‘delitos contra la autoridad’ me hace sospechar que en el caso hipotético de indultos a presos políticos, se hará de manera muy selectiva. Pero es la causa por la que se ha procesado a manifestantes y críticos del gobierno», sentenció el comediante.
Para el artista, el motor de esta decisión en pleno 2026 no es solo el calendario religioso, sino la presión de la geopolítica. A diferencia de indultos anteriores que funcionaron como «regalos» diplomáticos ante la llegada de un Papa, Toirac identifica en las actuales conversaciones con Estados Unidos el verdadero catalizador de la medida.
«Sin embargo, y aunque Semana Santa es el marco, no lo es ninguna visita papal como en anteriores ocasiones. Dado que están en marcha las conversaciones con EEUU, que es el otro catalizador para una decisión así, quiero pensar que habrá algo para esto», reflexionó, dejando entrever que la necesidad de negociar con Washington podría forzar algún movimiento en favor de los detenidos políticos.
Las cifras no parecen respaldar la idea de una apertura masiva. Según los datos históricos compartidos por Toirac, este indulto es el más reducido que se ha visto en la Isla desde que Juan Pablo II pisó suelo cubano en 1998.
La realidad en las puertas de los centros penitenciarios parece confirmar los temores del humorista; reportes desde la prisión de La Lima, en La Habana, indican que los primeros rostros en recuperar la libertad corresponden a convictos por delitos comunes como robo o estafa, alejados de cualquier activismo. Mientras tanto, organizaciones como Prisoners Defenders recuerdan que todavía existen más de 1,200 presos políticos en las cárceles cubanas, muchos de ellos enfrentando penas medias de diez años por sedición.
Este es el segundo movimiento de este tipo en lo que va de año, tras una pequeña excarcelación en marzo mediada por el Vaticano que apenas benefició a cinco disidentes. Por ello, Toirac prefiere mantener una cautela gélida y evitar cualquier triunfalismo antes de tiempo.
Para él, la redacción del indulto ya habla por sí sola sobre la falta de voluntad para un cambio estructural en el sistema judicial. «Habrá que esperar listas. De cualquier manera, la excepción en la declaración, por sí sola, es una negación a un cambio mínimo en este sentido. Especular no cambia nada. Habrá que esperar. Del resultado dependerá la intención», concluyó el actor, dejando claro que el veredicto final sobre este gesto humanitario solo lo darán los nombres de los beneficiados.




















