La danza folklórica cubana perdió este 6 de octubre de 2025 a una de sus figuras más queridas y respetadas. Alfredo O’Farrill Pacheco, conocido en el ámbito artístico como Papá Shangó, falleció en La Habana dejando tras de sí una herencia inmensa, tallada en el cuerpo y la memoria de generaciones de bailarines.
Premio Nacional de Danza en 2024, O’Farrill fue mucho más que un intérprete virtuoso: fue un maestro de maestros, un guardián del espíritu yoruba llevado al escenario con la elegancia de quien entendía la danza como un acto sagrado.
Su recorrido comenzó lejos de los reflectores, durante la Campaña de Alfabetización, pero pronto lo llevó al grupo de aficionados El Nuevo Teatro de Danza, apadrinado por el Conjunto Folklórico Nacional de Cuba. Aquel paso fue el inicio de una historia de tres décadas dentro de la compañía, donde alcanzó la categoría de primer bailarín.
Durante esos años compartió escena con figuras esenciales del movimiento folklórico como Johannes García, Santiago Alfonso, Juan García, Zenaida Armenteros y Silvina Fabars. Bajo la tutela de maestros como Lázaro Ross, Nieves Fresneda, Rogelio Martínez Furé y Ramiro Guerra, O’Farrill forjó un estilo propio: fuerza y cadencia, sabiduría ancestral y modernidad escénica.
Su legado no quedó solo en los escenarios. Tras retirarse como intérprete, dedicó su vida a la enseñanza en el Conjunto Folklórico y en las escuelas de arte del país. Fue uno de los fundadores de la Facultad de Arte Danzario del Instituto Superior de Arte (ISA), donde durante más de diez años dirigió el Departamento de Danza Folklórica. En esa misma institución obtuvo los títulos de Licenciado y Máster en su especialidad, y formó parte del Consejo de Asesores del Presidente del Consejo Nacional de las Artes Escénicas. También integró el Consejo Internacional de la Danza (CID) y la UNEAC.
Hace apenas unos meses, la Agencia Caricatos y el realizador Pedro Maytín Tejeras presentaron el documental “Alfredo O’Farrill, Papá Shangó”, un retrato sensible del artista que, sin saberlo, se convertiría en su despedida pública.
El Consejo Nacional de las Artes Escénicas y el Ministerio de Cultura de Cuba lamentaron su partida y extendieron condolencias a familiares, amigos y colegas. Pero más allá de los homenajes oficiales, la noticia deja un silencio profundo en los salones de ensayo donde su voz aún parece resonar, marcando el compás.


















