Locco Pizza empezó a circular en el ecosistema de medios cubanos como una historia reconocible de diáspora y “comida de casa” convertida en negocio. A finales de 2024, CiberCuba reportó que el local de la Avenida de Oporto #104 en Madrid había logrado reservar por adelantado todas las paletas de cerdo asado “al estilo cubano” que cocinarían entre el 22 y el 31 de diciembre, presentándolo como un pico de demanda impulsado por seguidores y clientes. Días después, otros medios ya recogían el mismo pulso callejero desde Madrid, describiendo colas en Oporto y la “locura” alrededor de una paleta asada para Navidad que se estaba viralizando en redes.
En 2025, la narrativa siguió creciendo desde medios cubanos con un patrón claro: cerdo asado, pan artesanal y filas como señal de éxito. Se hablaba entonces de un “negocio cubano” que arrasaba en Madrid con bocaditos y pizzas de cerdo asado, además de la receta de la paleta, destacando tiempos de cocción, técnica y el valor añadido del pan cubano hecho en el propio negocio. Sepresentó como un fenómeno gastronómico que “causa sensación” remarcando, otra vez, el binomio pan artesanal más cerdo asado como gancho para el público.
En diciembre de 2025, El País abordó a Locco Pizza ya no como curiosidad “cubana en Madrid”, sino como fenómeno de barrio con identidad madrileña: un pequeño local en Usera convertido en destino por su bocadillo cubano, su pan artesanal y unas colas que, según el reportaje, se mantienen incluso con lluvia. El texto sitúa el origen del proyecto en la pandemia, recuerda un arranque en Carabanchel y subraya que el negocio evita el reparto a domicilio para sostener el trato directo y el “venir al barrio”.
Ahora, enero de 2026, El Español refuerza esa lectura de “sensación” al centrar el foco en la demanda y el control de la oferta: el artículo afirma que venden un número limitado de bocadillos al día (230) y que el éxito se sostiene en la elaboración artesanal y la viralidad.
Así, Locco Pizza terminó cruzando una línea habitual en Madrid: de ser un lugar que muchos miraban como “sitio cubano” a convertirse en una escena española en sí misma, con cola, ritual y conversación pública propia, contada ya por la prensa local como parte del mapa gastronómico de la ciudad.
Los testimonios inundan su cuenta de Instagram con cubanos asegurando que, «han venido de no sé dónde», solo para comer el bocata o la pizza cubana.
Y no solo cubanos, también dominicanos, aunque no desde tan lejos, sino desde Villaverde, a las afueras de Madrid.
Y luego están los españoles, que han venido desde Burgos, Ciudad Real y Bilbao (que sí queda lejos) solo para probar estas delicias.

















