En Estados Unidos las gemelas Kessler actuaron junto a figuras como Frank Sinatra, Sammy Davis Jr. y Harry Belafonte, consolidando su reputación global.
La muerte conjunta de Alice y Ellen Kessler, estrellas del espectáculo europeo durante la posguerra, ha sacudido a Alemania no solo por la dimensión cultural de la pérdida, sino por la forma deliberada y coordinada en que ambas decidieron despedirse del mundo a los 89 años. Según reportaron medios como DW, NBC News y The New York Times, las célebres hermanas recurrieron al suicidio asistido, una práctica legal bajo condiciones específicas en Alemania desde 2019, avivando un debate social que se mantiene encendido.
Nacidas en 1936 en Nerchau, en la entonces Sajonia, las Kessler crecieron en un ambiente marcado por la posguerra y las limitaciones del régimen de la RDA.
Con apenas 16 años, lograron escapar hacia Alemania Occidental, donde su talento para el canto y el baile las catapultó rápidamente a escenarios internacionales. Para los años sesenta ya eran figuras habituales en la televisión italiana, donde su presencia glamorosa, coreografías sincronizadas y estética moderna las convirtieron en un símbolo de sofisticación europea.
En Estados Unidos actuaron junto a figuras como Frank Sinatra, Sammy Davis Jr. y Harry Belafonte, consolidando su reputación global.
Su presencia mundial fue tan notable que asistieron, en los Estados Unidos, al show de Dean Martin, lo que equivaldría hoy a estar con Jimmy Kimmel o Jimmy Fallon.
A lo largo de las décadas, mantuvieron una vida artística y personal casi completamente compartida. En recientes entrevistas —entre ellas, una citada por LA Times— habían confesado que su mayor temor era sobrevivirse mutuamente. “Hemos sido una sola vida en dos cuerpos”, dijo Alice en una ocasión. La prensa alemana informó que ese deseo de no separarse influyó directamente en su decisión final.
En Alemania, la noticia, confirmada por la policía alemana a la agencia AP, provocó inmediatamente un choque de posiciones. Organizaciones como la Deutsche Gesellschaft für Humanes Sterben (DGHS) defendieron el derecho individual a una muerte autónoma, mientras sectores conservadores y eclesiásticos condenaron que la muerte de dos figuras públicas pudiera “romantizar” el suicidio asistido. Editoriales en Italia —donde su fama era aún más profunda— describieron el hecho como “poético, pero inquietante”.
Más allá del debate ético, la muerte de las Kessler marca el cierre de una era. Fueron pioneras de la televisión europea, impulsaron una estética de espectáculo que marcó generaciones y, hasta sus últimos días, siguieron siendo referentes culturales. Su final conjunto, tan meticulosamente planeado como muchas de sus coreografías, deja tras sí una mezcla de admiración, nostalgia y preguntas difíciles sobre autonomía, envejecimiento y dignidad.


















